Sin miedo de caer en un equivoco y aludiendo al termino jauretchiano (el cual se basa en el libro de Manuel Ortiz Pereyra "Manual de aforismos sin sentido") me atrevo a esbozar la Zoncera mayor de nuestros días: La INSEGURIDAD.
La naturalización del discurso que da cuenta de la violencia en nuestra sociedad plantea como solución la contratación de mayor número de efectivos policiales. De esta manera se busca un mayor vigilancia, pero esto dista mucho de una resolver el problema. El reduccionismo al que esta sujeta esta problemática por parte de la dirigencia política da cuenta de su incapacidad.
Lejos de plantearse como una problemática donde se tome como referencia los niveles de pobreza e indigencia, que son demasiado altos (si se tiene en cuenta que
Otro dato a tener en cuenta es el nivel de empleo, el cual según el gobierno y la realidad concreta indica que hay un mayor nivel de ocupación. Lo que no se refleja en los discursos es la calidad y la violencia a la que esta sometido el asalariado.
Otro tema, no menor, es la publicidad recurrente de los medios masivos de comunicación a la problemática de la violencia. Con esto no quiero decir que la "verdad" construida desde los medios sea falaz, pero indigna el espacio que ocupan dejando de lado muchas de las actividades que realiza la sociedad en pos de mejorar su calidad de vida. Desde los medios ante este planteo se responde: "la violencia vende".
Por otro lado la construcción institucional del mapa del delito da cuenta de la arbitrariedad del mismo. Un ejemplo de ello que no toma en cuenta los popularmente conocidos crímenes de guante blanco. La corrupción es eludida ya que gran parte de ella se focalizaría en funcionarios y en empresarios, es decir el poder hegemónico que gobierna y condiciona nuestra vida. Con la aseveración de que este tipo de crimen "no mata", afirmación vergonzosamente reafirmada desde los medios, nada mas falaz. Debido a que ese dinero destinado a generar clientelismo, negocios ilícitos, etc. podría ser destinado a generar mejores condiciones de vida, puestos de trabajo o a políticas sociales.
En resumen las agencias periodísticas deberían dejar de reproducir el discurso oficial. Pero tampoco hay que ser ingenuos los grandes medios están sujetos a la pauta oficial y su vinculación es innegable. Un ejemplo de ellos es la renovación de las licencias a los grupos ARTEAR y TELEFONICA sin discusión ni en el Congreso, ni en la sociedad civil, la cual o desconocía la medida por la censura mediática. Muy pocas voces se opusieron (el colegio de abogados, y un sector muy reducido de
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