Por Juan José Hernández Arregui
Esto plantea el problema de los intelectuales en los
países coloniales. En general, los intelectuales
forman una capa social admitida y palmoteada mientras
cortejan con su palabra o su anuencia a la clase
dirigente.
Este es un fenómeno típico de los países
dependientes, en los que la subordinación económica
crea a su vez, intelectuales subsidiarios de las
oligarquías nativas, y en la Argentina actual, de los
grupos económicos dóciles al imperialismo yanqui. O
mejor, anglosajón. Pues el poder de Inglaterra en la
Argentina sigue en pie. En tal orden, la "libertad"
de la inteligencia es una ficción escandalosa, o sea,
la "libertad" para consentir en forma manifiesta o
encubierta la dependencia del exterior. Y en esto
reside la infidencia de los intelectuales al país que
sufre la opresión extranjera. No pueden hablar de
"libertad" aquellos que dependen de diarios, revistas,
cátedras, pagadas directa o indirectamente por el
colonialismo, y por ende, controlados por la censura
oficial. En los países coloniales -y la Argentina lo
es- la libertad únicamente alienta en individuos
incorporados en la carne y el espíritu al pueblo
nacional. Pues el pueblo es la libertad por la cual
lucha en tanto pueblo sin pedir un mendrugo de gloria.
La mayoría de los intelectuales, se refugian en la
abstención política, que es una forma del
sometimiento. Tales intelectuales son parte del
espectáculo colonial. Dígase cuanto se quiera, la
realidad que circunda al intelectual es política y su
silencio es político. El silencio de los intelectuales
se llama traición al país. Para ellos, ser escritor
es lograr publicidad a costa de cualquier
prevaricato. Por eso, en tanto masajistas del éxito
social, no son más que fugaces pasajeros del prestigio
sin honra. Y el pueblo los ignora. Hablan de
libertad, pero medran a la sombra del sistema que
deroga la libertad del pueblo. Si los intelectuales se
apartan de la política no es por superioridad del
espíritu, sino por cobardía y adhesión, tácita o
explícita, al colonialismo. Por eso, tales
intelectuales, en los programas de radio o televisión,
se expresan con palabras a medias, triviales,
conformistas, alejadas de los problemas candentes del
país.
La dependencia colonial no sólo es económica, es una
mediatización innoble de la inteligencia. Un
intelectual que calla las causas, la vergüenza y el
horror del colonialismo, es un mercenario que sirve a
las potestades que paralizan al país. El intelectual
que no usa sus conocimientos como militancia, de hecho
acepta al régimen colonial que paga la existencia de
una inteligencia incolora y adicta.
La clase dirigente, en efecto, tiene sus escribas
a sueldo, cuya tarea, entre otras no menos
despreciables, es mantener vivas las mentiras del
colonialismo que, en substancia, revelan un profundo
odio al pueblo. Son escritores que por excepción
pertenecen a la clase alta y, en tal sentido, la clase
media intelectual abastece a la oligarquía. Esto es
visible en la Argentina. Tales trepadores, que la
oligarquía gratifica abriéndoles las páginas de sus
diarios, revistas, editoriales, las cátedras y otras
sinecuras, son a los que mencionamos. La Universidad
es el escalón más alto de la servidumbre de esta
gente. Tienen por tarea deificar al sistema, la
historia oficial, difamar los símbolos colectivos del
pueblo. Lo hacen en nombre de la democracia, de la
"civilización" de Sarmiento contra la "barbarie" de
los caudillos. De Mitre contra el interior. En "La
Nación", órgano de la clase oligárquica, estos
chupatintas encuentran acogida destacada, y alquilan
sus nombres agrandados por la dádiva publicitaria de
esa prensa de una Argentina habitada por rumiantes.
Aunque no ejerzan ninguna influencia en el pueblo
-fracaso que los lleva a la ridicula autoposición de
"élites"-, gravitan en determinados sectores medios.
La oligarquía sabe lo que hace cuando periódicamente
mezcla los oscuros apellidos de la inmigración con
algunos escritores del patriciado venido a menos. Es
el único ascenso social que les permite codearse con
la clase alta. Pero nada más que en la firma de
manifiestos y comunicados en los diarios. He aquí un
botón aparecido en "La Nación", en la que junto a
algunos nombres de la oligarquía, navegan los
corifantes de la clase media intelectual. Los
firmantes están mesturados como una manera de probar
que en el Olimpo de la literatura no hay jerarquías,
que todos los ángeles tienen la misma anatomía
gaseosa. El suelto se titula ’’Declaración sobre los
caudillos y Montoneros". Napoleón no exageraba cuando
comparaba a estos intelectuales con pulgas a las que
había que sacudir de la ropa. He aquí el texto:
Un grupo de escritores dio a conocer una
declaración que dice así:
"Los escritores que firman esta declaración han
advertido con justificado estupor la creciente
glorificación de las montoneras, de los caudillos que
las capitaneaban, y el nombre de Rosas. Tales
apologías contradicen todo el proceso democrático de
la historia argentina y presuponen una extraña
nostalgia de la barbarie, del despotismo y de la
crueldad. No es difícil adivinar, detrás de estos
anacrónicos arrebatos, el designio de instaurar, ahora
y aquí, sistemas no menos opresivos e inicuos." [2]
El valor de una obra se mide por su posición crítica
frente a la época en que nace, por la postulación de
los problemas que agitan a la comunidad, y esa misión
de los intelectuales, sólo es posible cuando se
desafía sin renuncias a los poderes que velan, a
través de las trabas culturales del imperialismo y sus
aliados nativos, las cuestiones nacionales
irresueltas. En un país colonizado la labor del
escritor es militancia política. De lo contrario es
pura miseria de la inteligencia pura. ¿Cuándo la
Universidad ha alzado su voz contra el colonialismo?
¿No prueba esto que la Universidad, en tanto
institución, es el asilo cultural del coloniaje?
¿Cuándo los escritores agremiados en la SADE han
denunciado la entrega del país, los fusilamientos de
1956, las torturas, las proscripciones políticas de
millones de argentinos? ¿Cuándo? Los trabajadores
hacen bien en recelar de los intelectuales. De una
"inteligentzia" que no osa decir su nombre mientras la
Argentina se debate en la violencia, en la lucha por
la liberación nacional.
Mas junto a estos escritores hay otros. Una minoría,
que abraza la causa de las mayorías nacionales sin
libros pero con conciencia colectiva de la
nacionalidad allanada. Son argentinos que no se
resignan ante el estado de cosas imperante y muestran
tanto los mecanismos y las lacras pestíferas del
colonialismo, como el papel subalterno de esos
intelectuales y políticos que mientras el pueblo lucha
en las fábricas y en las calles, aparecen en las
pantallas de televisión, y de este modo, son partes
de los avisos comerciales, el lado culto de la
servidumbre imperialista.
Los escritores auténticos saben soportar el silencio y
prefieren darle forma a las intuiciones y heroísmos
colectivos convirtiéndose así en testigos, y sobre
todo actores, de la época que les toca vivir. A esta
raza de escritores nacionales perteneció Raúl
Scalabrini Ortiz, prototipo del intelectual que hizo
del pensamiento argentino beligerancia política y no
de la política algo negable de antemano por una
inteligencia amordazada por la mole de falseamientos,
mitos y cancelaciones canallas de la antipatria.
NOTAS:
[1] Estas declaraciones fueron hechas antes del golpe
derechista proyanqui que derribó al general Juan José
Torres
[2] Firman la declaración Horacio Armani, Carlos
Avellaneda Huergo, José Bianco, Adolfo Bioy Casares.
Susana Bombal, Jorge Luis Borges, Jorge Calvetti, José
S. Campobassi, José Edmundo Clemente, Nicolás Cócaro,
Jorge Cruz, Bettina Edelberg, Luis de Elizalde, Fermín
Estrella Gutiérrez, Enrique Fernández Latour, Patricio
Gannon, Jorge L. García Venturini, Juan Carlos Ghiano,
Roberto Giusti, Joaquín Gómez Bas, Bernardo González
Arrili, Adela Grondona, Alicia Jurado, Bernardo
Ezequiel Korenblit, José Luía Lanuza, Mario A.
Lancelotti, Carlos Mastronardi, Manuel Mujioa Láinez,
Silvina Ocampo, Manuel Peyrou, Jaime Potenze, Ricardo
Sáenz-Hayes, Leónidas de Vedia, Osear Hermes Villordo,
David Vogelman, Orlando Williams Alzaga y Andrés Romeo.
sábado, 1 de marzo de 2008
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1 comentario:
Hola Juan Pablo!
Estuve leyendo tu blog y me parece muy interesante. Si pasás por el mio te darás cuenta que aún no hay nada, pero pronto lo habrá y me gustaría que estemos en contacto.
Tengo 23 años y soy de Capital.
Espero que estemos en contacto.
Saludos,
Laura
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