(Artículo del 3/05/07 pero con plena vigencia).
No hay peor ciego que el que no quiere ver, dice un
viejo y popular refrán. Las gruesas evidencias de la
realidad demuestran que literalmente Argentina está
caminando al filo de la cornisa, y –peor aún- que esa
cornisa tiende a ser una débil plataforma de barro que
más pronto que tarde se quebrará y nos arrastrará al
precipicio de los apagones, desabastecimiento o brutal
encarecimiento de los combustibles, y muy posiblemente
a un caos socio económico y político de dantescas
proporciones. Pero pese a las inocultables evidencias,
muchos opinantes insisten en practicar la "política
del avestruz".
Ya cuatro a cinco años atrás unos pocos analistas
independientes (no comprometidos con el establishment)
alertábamos acerca de la crisis energética que las
extrapolaciones de las curvas de producción y consumo
indicaban que a partir del año 2006 comenzarían las
complicaciones serias y de exponenciales
agravamientos.
Pero nuestras opiniones fueron literalmente tapadas
por la montaña de opiniones de "analistas serios", de
"expertos reconocidos" y de "periodistas
especializados", que proyectando tasas de crecimiento
de la demanda marcadamente exiguas, y en base a
análisis cortoplacistas –que veían poco más allá de
las narices- y sin sustento de datos para aprender las
durísimas enseñanzas de la Historia Energética
Argentina; casi a coro afirmaban –palabras más o
menos- que estábamos lejos de la posibilidad de
afrontar situaciones difíciles, y que no existían
riesgos ni urgencias cercanas.
Lo notable del caso es que varios de esos "calificados
opinantes" tuvieron directa injerencia y claras
responsabilidades en el (des) manejo del Sector
Energético en diversos subperíodos de la larga noche
del neoliberalismo a ultranza, que estuvo muy cerca de
conducirnos a la disgregación nacional; siendo
responsables por acción u omisión de la falta de
inversiones, de la total ausencia de planificación,
del marcado sesgo gasífero y termoeléctrico impreso a
la matriz energética argentina, de los incoherentes
"parates" del Plan Atómico Nacional y del Plan
Hidroeléctrico Nacional, y también del virtual saqueo
al cual fueron sometidas nuestras reservas de
hidrocarburos.
Claramente muchos de esos "opinantes especializados"
suelen ser asesores y voceros a destajo de las grandes
corporaciones extranjeras que –"privatizaciones"
(léase extranjerizaciones) mediante- se apoderaron del
manejo discrecional del altamente estratégico Sector
Energético Argentino.
En las últimas décadas, como punta de lanza de las
acciones de desinformación activa de la opinión
pública, actúan activamente las transnacionales de la
ecología, con el soporte de una pléyade de ONGs
"nacionales", muchas de las cuales seguramente no son
más que "sellos de goma" detrás de cuyos carteles
actúan puñaditos de activistas, con las motivaciones
que con certera definición un periodista televisivo
definió como "las dos I": Ignorancia e Intereses
creados.
De hecho sería muy bueno incorporar a las acciones en
pro del desarrollo autosustentable a los
ambientalistas serios y honestos, que libres de
preconceptos dogmáticos quieran sumarse en busca de
reales soluciones para compatibilizar el
imprescindible desarrollo con el mayor cuidado posible
del ambiente.
Si actuaran con amplitud mental y total honestidad,
podrían ser las mayores garantías para lograr
minimizar los costos ambientales de las grandes obras
energéticas que Argentina necesita imperiosamente. Es
bueno enfatizar que dichos costos ambientales siempre
serán muchísimo menores que la denigrante y degradante
polución generada por la miseria extrema, la cual
destruye el cuerpo, la mente y la dignidad del ser
humano.
El tema es que los poderosos intereses en juego,
usualmente "financian" directa o indirectamente, o al
menos "dan chapa" de opinantes "autorizados" a los
ecologistas "duros", enceguecidos por el fanatismo
dogmático de la neoreligión pagana de los adoradores
del "becerro verde", la ecolatría; la cual encuentra
también buenos asociados entre los políticos mediocres
y de bajo vuelo intelectual y/o moral.
Dado que el ecologismo "duro" por definición se opone
prácticamente a toda obra e iniciativa –acorde al
postulado del "crecimiento cero" emanado del Club de
Roma-, por lógica estos ecologistas fundamentalistas
pasan a ser aliados naturales de los gobernantes
incapaces y corruptos; aquellos que buscan los "votos
fáciles" y que por regla general son reacios a encarar
grandes obras e iniciativas que puedan transformar
positivamente la realidad socio económica y
geopolítica del país.
El contexto que ya se ve claramente es la indefinición
de la dirigencia argentina (en su amplio contexto),
ante los embates crecientes del ecologismo ultra, de
corte piquetero, que monta fuertes escenas públicas de
alto impacto emocional y casi siempre bajo o nulo
nivel de seriedad y fundamentación científica; y que
además demuestra tener los "contactos" para motivar a
diversos comunicadores sociales y medios de gran
difusión, de forma que sus actos muchas veces
patoteriles tengan amplia cobertura mediática y casi
siempre bajo una pátina de dudosa "neutralidad"
informativa, cuando no con opiniones sutiles
favorables a sus planteos nada inocentes; como cuando
atacaban dura e injustamente al Sector Nuclear
Argentino, o cuando avalan y exaltan la exacerbación
del ya intolerable conflicto suscitado con el hermano
pueblo uruguayo.
Esa indefinición de la dirigencia argentina (en
general) se hace patente al constatar la positividad
de los mayoritarios y claros apoyos al renacimiento
del Plan Nuclear Argentino; lo cual contrasta con la
ominosa inacción total en lo referente al
imprescindible urgente relanzamiento del Plan
Hidroeléctrico Argentino; con la absurda
sobrevaloración de las potencialidades del hidrógeno
dentro de la matriz energética; y con la
tergiversación conceptual acerca de las reales
características y fuertes limitaciones de las energías
eólica y solar.
El caso es que esas indefiniciones y erróneas
concepciones están llevando a adoptar soluciones de
emergencia, siempre más costosas y usualmente menos
coherentes geopolíticamente que las soluciones
óptimas; siendo que estas últimas siempre requieren su
tiempo de maduración, incluyendo su replanificación y
sus tiempos constructivos casi siempre más
prolongados.
Sin perjuicios de cargar las gravísimas
responsabilidades que le caben al modelo neoliberal
–que destruyó toda planificación, desguazó casi todos
los entes tecnológicos y de planificación técnico –
científica, que enajenó casi completamente al Sector
Energético, y que aumentó la dependencia de la matriz
energética argentina respecto a los hidrocarburos-;
urge concretar cuanto antes un ambicioso plan de
construcciones de diversos tipos de infraestructuras
energéticas (parte de lo cual se está haciendo); pues
de lo contrario lo máximo que podemos aspirar será a
seguir muy trabajosamente al filo los grandes cortes
eléctricos (como estuvimos pocos días atrás, operando
sin ninguna reserva), faltantes de combustibles y
similares caóticas situaciones.
Al paso actual, los años 2010 al 2012 serán
energéticamente muy complicados, dependiendo en buena
medida el grado de complejidad de las tasas de
crecimiento de la economía. Pero por supuesto es
deseable que los muy buenos indicadores
macroeconómicos persistan, por lo que debemos asegurar
crecientes cantidades de potencia instalada y de
generación firme, con las debidas reservas
imprescindibles en todo servicio eléctrico bien
implementado.
El conjunto de medianas y grandes obras
hidroeléctricas totalmente proyectadas, más algunas
menores con estudios parciales, suman una potencia
total del orden de 25.000 MW, con una generación media
anual del orden de 104.000 GWh año. Sus costos por KWh
serán sustancialmente menores que sus alternativas
termoeléctricas, y mucho menores que las centrales
eólicas, además de no emitir gases contaminantes, y en
muchos casos tener beneficios paralelos, como riego,
control de inundaciones, turismo, provisión de agua
potable, turismo, etc.
De hecho ese enorme plan de obras no excluye las obras
nucleares, los gasoductos y centrales térmicas, el
desarrollo de los biocombustibles, algún aporte eólico
(técnicamente "atado" a un soporte de energía
convencional, por las serias limitaciones que impone
la aleatoriedad de los vientos); y tampoco debe
excluir un plan de imprescindible economización en el
uso de la energía; pero sin duda será un valioso
aporte para apuntalar sólidamente nuestra matriz
energética y sentar bases más sólidas para la
proyección en el tiempo del actual fuerte crecimiento
que los indicadores macroeconómicos muestran
irrefutablemente.
El desarrollo socio económico es una necesidad
impostergable, por sobre las estrecheces de miras
sectoriales. ¡No sigamos dilatando decisiones que hoy
ya son de urgente concreción!
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Escritor y periodista ad honorem
Ex Docente – Investigador = Facultad de Ciencias
Económicas = UNaM
Especialista en Gestión de Producción y Ambiente =
Cursante de la Maestríaen Gestión de la Energía –
UNLa-CNEA = Becario de la Comisión Nacional de Energía
Atómica
sábado, 1 de marzo de 2008
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