por Alberto E. Azcona
En ese momento, la brisa de enero salió por los fueros del duro verano pehuajense, y a través de la enramada de glicinas en flor, nos hizo recordar, en el sombreado reparo de la galeria, que ahi nomás estaba el campo calcinado por el sol del estio, haciéndonos sentir su hálito polvoriento y abrasador.-
Mientras pasaba el mate de mano en mano, la sombra de una sonrisa cruzó el rostro imponente del dueño de casa: mentón firme, cuello grueso, tórax profundo, fuerte la cabeza sobre los hombros fornidos. "En aquellos tiempos -continuó- los andábamos a Mercedes convictos y confesos. El que más trabajo me dió fue un paisano asesino a quien nadie se atrevía a detener, aunque todos sabían que hacia noche cerca del "Gaucho Pobre", en un rancho abandonado.-
Todos los dias salían los vigilantes y retornaban diciendo que no habían hallado al prófugo en dicho lugar. Cansado de tantas vueltas. tuve que organizar personalmente la partida.-
"A no joder vamos", les dije, "esta noche ese hombre viene preso, no es posible que ese canalla se alce contra la autoridad". En lo más profundo de la noche rodeamos el rancho, y cuando empezó a clarear, dí la orden: que se adelantaran por los costados y al fondo.-
Nadie se movía. Mejor dicho, algunos movimientos se escuchaban, pasos, sables, espuelas, desde los árboles donde estábamos emboscados; pero nadie aparecía en el claro que rodeaba el refugio del "Turco Azul".-
No insistí, por que es malo ordenar y que no le obedezcan; así que para no complicarme en esa cobardía del montón, enderecé callado y ligero como una luz hacia el rancho.
Y cuando todos creían que iba a forzar la puerta y ya veían salir al Turco a trabucazos y cuchilladas, me trepé por los costados y subí al techo de paja brava de aquella miserable habitación.-
Separé un poco las pajas, y allí abajo lo ví dormido al gigantesco matrero.- Rápido me largué hacia adentro y caí parado con el revólver en la mano, que lo puse despacito con la boca del caño en la sien del paisano. Abrió los ojos muy grandes, se hizo cargo de la situación, y mansito se entregó.-
Cuando salimos, él adelante con los brazos en alto y yo cargándolo de atrás con el 45 gatillado, los vigilantes avanzaron y le apuntaron aparatosamente con los rémington. Nada me dijeron y nada les dije.-
Y volviendo a fijar la mirada serena de sus ojos azules bravíos en las flores de la glicina, agregó: "Yo fuí amigo también del comisario "Gorra Colorada". Lo conocí en la batalla de
"Después -continuó el dueño de casa- se hizo famoso en toda
Sorbió el mate meditativamente, y continuó: "Limpió todo el sur de
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