sábado, 1 de marzo de 2008

IZQUIERDA Y PERONISMO

Sólo un análisis de la conciencia de clase de la
pequeñoburguesía puede descifrar estas
contradicciones. La clase media, en especial los
estudiantes, en una posición que no tenía ni antes ni
durante los gobiernos de Perón, aunque con
vacilaciones, es hoy anticolonialista, tercermundista,
nacionalista y socialista. Todo lo que es Perón. Pero
aún, determinados sectores, llaman a las
nacionalizaciones ejecutadas por Perón, al ascenso y
participación de los obreros en el Poder,
"bonapartismo", o "nacionalismo burgués", a la
resistencia de las masas peronistas después de 1955,
"espontaneísmo", al nacionalismo de esas masas
"totalitarismo". En cambio, el nacionalismo de las
masas chinas o cubanas, argelinas o rusas, es
"socialista". No puede negarse que las masas;
requieren una ideología avanzada. Pero mas cierto aún,
es que son las capas pequeñoburguesas las que
necesitan experiencia política, contacto con el
pueblo. No basta que los grupos de izquierda, aún
peronistas, cada uno por su lado, se proclamen
"vanguardia del proletariado" y que haya tantas
"vanguardias" como grupos. Es decir, ninguna
vanguardia. Partiditos obreros que la clase obrera no
reconoce. Más bien, esos partidos y grupitos se mueven
a la zaga de los trabajadores. Los programas de estos
grupos tienen el inconveniente de funcionar bien en el
paraíso de la imaginación, no en la pesada tierra.
Otro rasgo de estas peñas de izquierda, es su
desconocimiento de la obra de Perón. Tales grupos
postulan —y estamos completamente de acuerdo— un
programa socialista. Pero ignoran —y la ignorancia,
como decía Spinoza, no es un argumento— que sin el
antecedente de Perón, que fue un paso efectivo hacia
la socialización, las masas argentinas carecerían de
la conciencia de clase que hoy las define. Una
conciencia de clase superior a la de la
pequeñoburguesía. Y la conciencia de clase del
proletariado, con relación al socialismo, es más
importante que el socialismo aprendido rápido y mal en
los libros.

Perón ha dicho, en muchas oportunidades que de haber
llegado al poder, no en 1946, sino en 1959, el hubiese
sido el primer Fidel Castro de la América latina.
Entre los quince años que mediaron entre el triunfo de
Perón y el de Fidel Castro, el tablero de la política
mundial se tornó excepcionalmente favorable para la
aparición del socialismo en Cuba. Perón llegó al poder
al término de la II Guerra Mundial. Las condiciones
para un régimen socialista en Iberoamérica, no
existían. Además Perón asumió el mando por vías
constitucionales. Esto es, coartado por un sistema
legalista nada fácil de remover. La Constitución de
1949, era ya, en muchos aspectos presocialista. Por
eso fue derogada de cuajo al caer Perón. Suplantada,
con el aplauso exaltado de la clase media por la
Constitución de 1853. Restauración conservadora que
esa clase media festejó con delirio patriótico. Desde
entonces, mientras el país retrocedía, la clase media,
a fuerza de porrazos, volvía a la realidad. Y las
masas argentinas, avanzaban en las calles, no en los
libros, mientras en el plano ideológico Perón ahondaba
cada vez más en la revolución. A comienzos de 1972 se
publicaron declaraciones del ex-presidente Perón cuyos
pasajes salientes reproducimos:

- ¿Cuál seria para usted, el programa de fuerza
revolucionaria peronista; programa práctico a aplicar
desde ya?

- En el mundo, actualmente, se está luchando
poruna revolución. Indudablemente, esa revolución está
captando una serie de inquietudes, desde la
terminación de la Segunda Guerra Mundial. Las guerras,
normalmente paralizan la evolución; pero como pasa con
los diques, el agua sube, al terminar la guerra saca
usted la pantalla del dique y entonces invade el
torrente. Esa revolución mundial va hacia formas
socialistas. Los imperialistas, por su lado, llegan a
una reflexión muy lógica: el mundo actual, con 3.500
millones de habitantes, tiene a la mitad hambrientos.
¿Qué sucederá, se preguntan ellos, en el año 2000,
cuando la Tierra tenga 7.000 millones de habitantes?
Cuando en la tierra ha habido superpoblación, los
remedios han sido siempre dos: la supresión biológica
(de lo que se encargan la guerra, el hambre y sus
consecuencias) o el reordenamiento geopolítico, una
mayor producción y mejor distribución de los medios de
subsistencia. Los imperialismos saben que su ciclo es
como el del hombre: crecen, dominan, decaen, envejecen
y mueren. Piensan que su solución está, en estos
momentos criticos de la humanidad, en ser los
salvadores: en programas donde ellos sean
imprescindibles. Uno de esos programas consiste en
controlar los procesos de liberación y de
independencia. Llega McNamara a Bs. As. y dice:
"Argentina debe ser como un país de pastores y
agricultores". Claro, están defendiendo la comida y la
materia prima del futuro. La comida, mediante el
control de la natalidad, la materia prima, mediante el
acopio de todos los bienes.

- ¿Cómo se refleja eso en el caso argentino?

- Por lo que le digo, es que ocurre esa
penetración intensa, desde la Segunda Guerra Mundial,
en nuestro continente, en todos los países: por las
buenas o por las malas. Cuando los países no se
entregan, o no los pueden penetrar, dan un golpe de
estado o ponen un gobierno obediente. La gran virtud
que yo veo en la Revolución Cubana y en la acción de
Fidel es precisamente eso: les puso allí un dique que
no han podido pasar. ¿Qué eso ha sido a costa de
asociarse con Rusia? No importa. Con el diablo, con
tal de no caer. Porque el diablo, ¿sabe? además es un
poco etéreo. En cambio estos son reales.

- Es interesante su referencia a Cuba, por las
posibles analogías. En Cuba, Fidel se apoyó en una
superpotencia para combatir a la otra. Usted considera
que ese recurso puede utilizarse en el caso de otros
movimientos latinoamericanos de liberación.

- Completamente. Y quizás si, en 1955 los rusos
hubiesen estado en condiciones de apoyarnos, yo
hubiera sido el primer Fidel Castro del continente.

- ¿Usted tuvo posibilidades, en 1955, de haberse
apoyado en el Tercer Mundo o en el bloque soviético,
para salir adelante?

- Bueno, en esa época, ninguno de los dos estaba
en condiciones, y el Tercer mundo no existía. Fuimos
nosotros, hace veinticinco años, los que lanzamos por
primera vez la Tercera Posición. Claro, aparentemente
cayó en el vacío. No estaba el horno para bollos. Y no
pudimos hacer nada. Porque a nosotros no nos volteó el
pueblo argentino; nos voltearon los yanquis. Y quién
sabe, si hubiéramos tomado otras medidas, tal vez
hubiese venido otra invasión como la de santo Domingo.

- ¿Qué salidas ve a la situación?

- Ningún pueblo puede entregarse; si hay algo en
que el pueblo está claro, es en que no se puede
entregar al imperialismo. Porque lo viene sufriendo
desde hace un siglo por el estómago, o por el
bolsillo, que también es una víscera suficientemente
sensible. Liberar al país como lo ha hecho Fidel, esa
es la solución. Y como pienso que lo están por hacer
Perú y Bolivia [1]. No se sabe en qué condiciones,
pero vienen intentándolo.

Estos juicios de Perón están relacionados con las
medidas que tomó durante su gobierno. Tales medidas, a
pesar del momento histórico, muy desfavorable, fueron
socializadoras. Más aún, ningún país socialista ha
logrado éxito, sin tomar decisiones graduales,
adapatadas al desarrollo de cada país. Estas medidas,
en los países socialistas actuales, en los comienzos y
en todos los casos, han sido similares a las tomadas
pos Perón. No decimos que Perón haya instaurado el
socialismo en la Argentina. Esto sería una mentira.
Pero sostenemos que muchas de sus reformas abrían el
camino al socialismo. Uno de los excesos del
pensamiento de izquierda, mezcla de fantasía y
lecturas desordenadas, es pensar que el tránsito al
socialismo es automático a la toma del poder. Es un
grave error pensar así. La Historia enseña que la
victoria del socialismo es antecedida por una serie de
etapas intermedias entre el capitalismo y las nuevas
formas sociales, e incluso, de ensayos y errores, de
éxitos y fracasos. Ni Rusia, ni China son enteramente
socialistas. Y la Revolución Rusa se produjo en 1917 y
la China en 1949. La experiencia de estos países y
otros, indica que durante un período más o menos
largo, el capitalismo y el socialismo siguen
yuxtapuestos.

¿Cuáles han sido, en tales países, considerando
siempre el desarrollo desigual de los mismos, las
medidas peparatorias del socialismo? En primer lugar,
lograr la confianza de las masas. Perón obtuvo esa
confianza que le permitió resistir la agresiva
resistencia interna y exterior. Perón fue destituido
no por un burgués, sino por la dirección proletaria de
su política social. La Confederación General del
Trabajo contaba con 6 millones de afiliados. Visto en
su proyección histórica, Perón estaba en condiciones,
por la base obrera del peronismo, y lo hizo, de
imponer reformas básicas a la economía, pero no podía
ir más allá de los límites que le marcaba el momento
histórico, los enemigos internos e internacionales, y
la propia estructura del movimiento, que junto a los
trabajadores albergaba a otras clases sociales con sus
representantes moderados cuando no decididamente
conservadores. A pesar de estas contradicciones y de
la resistencia política muy unitaria y combativa que
lo acosó, Perón cumplió una obra de excepcional
contenido social y nacional.

En un país colonizado, no hay socialización posible,
aunque sea parcial, sin una ruptura con la dependencia
exterior. Inglaterra, al producirse la revolución de
junio de 1943, era dueña del país. De su economía y su
política. Antes de 1943, casi la mitad de nuestras
exportaciones, en buena parte acaparadas por Gran
Bretaña, se dedicaba al pago de los servicios de la
deuda externa. Con las reservas en oro y divisas,
acumuladas por la coyuntura, favorable para la
Argentina, de la II Guerra Mundial, la deuda externa
fue totalmente repatriada. La Argentina entró en la
independencia económica. Los empréstitos extranjeros,
pulpos de la economía nacional, e instrumentos del
dominio político, fueron cancelados. La Argentina, por
primera vez en toda su historia, fue una nación
soberana. Estas medidas impulsaron el desarrollo
industrial. Cabe preguntar si fue una
industrialización burguesa o socialista. Fue ambas
cosas y ninguna de las dos. Es decir, grandes ramas de
la producción industrial fueron dirigidas por el
Estado, y otras aunque permanecieron en manos de
capitales privados, estos eran argentinos, y en
algunos casos extranjeros pero sometidos a una
legislación proteccionista y, al mismo tiempo,
estrictamente controlada por el Estado. Vale decir, se
dio el paso primario y fundamental en toda marcha
hacia la socialización: la estatización de los
resortes más importantes de la economía nacional.
Estos recaudos, no sólo acrecentaron la producción,
sino que, caso único en la historia argentina, se
alcanzó la plena ocupación y la participación del
proletariado en la conducción política. Todos los
ejercicios financieros terminaron con superávit. Al
abandonar Perón el país, las reservas en oro y
divisas, se calculaban en 1500 millones de dólares. El
capital extranjero, sujeto a una legislación nacional,
cumplió una función útil. En algunas ramas de la
industria, la automotriz por ejemplo, el Estado se
valió de ellos. También lo había hecho Rusia en las
primeras etapas de la revolución. China lo mismo.
Cuba, Argelia, Egipto, también. Pero los giros al
exterior, en concepto de dividendos, eran fijados por
el Estado y las ganancias de las empresas debían
reinvertirse, por cuotas establecidas, y se
reinvirtieron, en el país. Una prosperidad jamás
conocida benefició a todas las clases sociales. La
legislación laboral fue una de las más avanzadas del
mundo. La educación pública dio un salto espectacular.
Millares de obreros recibieron en todo el país, en
todas las provincias, enseñanza técnica gratuita. En
1943, la Universidad tenía algo más de 60 mil alumnos.
Con Perón llegó a 260 mil. La enseñanza universitaria
era gratuita, comedores estudiantiles, apuntes sin
cargo impresos en la Fundación Eva Perón, privilegios
para los estudiantes que trabajaban, colonias,
supresión de exámenes de ingreso, mesas examinadoras
mensuales, acortamiento de las carreras, etc. Tal cual
lo había reclamado la Reforma del 18, en la Argentina,
la enseñanza media y superior dejó de ser una
prerrogativa de clase. La salud pública, bajo la
dirección de un patriota, Ramón Carrillo, que murió
perseguido y pobre en Brasil, insumió 350 millones
contra 11 millones en 1943. Nadie ignora que uno de
los objetivos del socialismo es la salud de la
población. Otro de los objetivos del socialismo es la
nacionalización de los servicios públicos. Los
servicios públicos nacionalizados no sólo son
exigencia de la independencia económica, sino la base
de toda soberanía real. Se adquirieron los
ferrocarriles británicos. O como dijo Scalabrini Ortiz
se compró soberanía. La oposición, en una cerrada
acometida, atacó esta brillante operación financiera y
política ejecutada por otro patriota, Miguel Miranda.
Se dijo que Perón había comprado hierro viejo. Que los
ferrocarriles daban pérdidas. Es cierto, daban
pérdidas. Lo que no se dijo —hoy tampoco— es que los
ferrocarriles dan pérdidas en todos los países del
mundo por la simple razón que su misión es de fomento
de la economía nacional, o sea, que tales pérdidas son
ampliamente compensadas por el desarrollo de regiones,
ciudades, plantas industriales, etc., próximas a las
redes ferroviarias.

El único país del mundo cuyos ferrocarriles han
producido ganancias es EE.UU. Pero en 1970, el mayor
sistema ferroviario de EE.UU., el Pen Central
Transportation Company se declaró en bancarrota.
Durante Perón, se nacionalizaron los puertos. La
marina mercante llegó a ser una de las mayores del
mundo, adelante incluso, de Rusia. Cosa que pocos
argentinos conocen. La casi totalidad de la producción
nacional fue transportada por buques argentinos con
una capacidad de 1.700.000 toneladas. El comercio
exterior —otra disposición inicial y básica de todo
país socialista— pasó a ser fiscalizado por el Estado
a través del IAPI, la institución más resistida por la
oligarquía y las naciones imperiales. Raúl Prebisch,
asesor de Lonardi, entre las primeras resoluciones,
anunció el aniquilamiento de esta institución. El gas,
los teléfonos, las usinas eléctricas existentes y las
que se crearon pasaron a dominio del Estado. Los
servicios de transportes en su totalidad, fueron
nacionalizados. Cuando nacionalizaciones de este tipo
fueron aplicadas en Inglaterra por gobiernos
laboristas, los izquierdistas cipayos aplaudieron.
Cuando las tomó Perón vociferaron: "¡Totalitarismo!"
Demás está agregar que en los países socialistas las
comunicaciones están nacionalizadas. El consumo de
energía, otra de las bases de la socialización de la
economía, aumentó en un 69 %, Y.P.F. creció en un
161,5 %. Pero el desarrollo industrial pedía más
energía eléctrica, más petróleo, más máquinas.
Problemas que han afrontado todos los países
socialistas del mundo. Decenas de diques, centrales
hidroeléctricas, termoeléctricas, obras fluviales,
etc., fueron construidos, o estaban en construcción al
caer Perón. Entre 1943 y 1954, la producción de
petróleo se triplicó, la de gas se duplicó, la de
carbón se multiplicó por nueve. Es falso que la
situación del campo empeorase. Raúl Prebisch, un
enemigo, en 1949 reconoció que la economía
agropecuaria se había fortalecido. Las carnes de
exportación, gracias a un negociador enérgico, Miguel
Miranda, obtuvieron precios beneficiosos al país y no
decretados, como hasta entonces, por Inglaterra. El
campo fue tecnificado en amplitudes desconocidas hasta
entonces. El valor de las exportaciones giró de 451
millones en 1943 a 3039 millones en 1947. Millares de
medianos y pequeños agricultores entraron en posesión
de sus tierras. Los peones rurales ascendieron a una
vida digna; 50.000 chacareros lograron la posesión de
sus campos. La renta nacional aumentó en un 55 %. La
independencia económica permitió al país comerciar, en
contratos bilaterales, con los países comunistas. La
Argentina fue el país que alcanzó, en toda
Iberoamérica, el mayor volumen de comercio con Rusia.
Pero el P. Comunista gritaba "¡Fascismo!". El
analfabetismo, con millares de escuelas construidas,
se redujo al 3 %. Hoy, agremiaciones docentes estiman
que la Argentina tiene un índice del 40 % de
analfabetos o semianalfabetos. Se construyeron 500.000
viviendas para 5 millones de personas; 8.000 escuelas,
más que en toda la historia de la Argentina. Y 70.000
obras públicas hoy se levantan a lo largo del país
como testigos de aquellos días de grandeza nacional.
El II Plan Quinquenal, que destinaba $ 35.000 millones
de moneda de entonces, estaba financiado y en plena
ejecución. Las bases de la industria pesada colocadas.
Un argentino insospechable comparaba la política de
Perón con la de los países comunistas. Este escritor
nacional se llamaba Raúl Scalabrini Ortiz. No
insistiremos en cifras. Hechemos una ojeada sobre los
gobiernos que sucedieron a Perón.

Marcelo Felipe Gil

No hay comentarios: