Fragmentos del mensaje, que en nombre del Movimiento Obrero Organizado, iba a leer José I. Rucci el 25 de septiembre de 1973 a raíz del triunfo de Juan Domingo Perón, y que fue truncado por su asesinato.
-Hubo un proceso distorsionador en el ámbito espiritual y cultural, cuyas consecuencias no han podido ser erradicadas del todo y aún las seguimos viviendo y soportando.
Significa esto que a la recuperación plena del poder adquisitivo de los salarios, a la valorización del trabajo a la creación de nuevas riquezas, es necesario agregar la pacificación de los espíritus, requisito indispensable para encarar un proceso de reconstrucción y la reconquista de los valores nacionales, cuya vigencia absoluta asegurará la elección de los mejores caminos para arribar al objetivo común.
-Los trabajadores han contribuido al proceso de liberación y a la modificación de las estructuras caducas y la destrucción se ha operado no sólo en los aspectos materiales de lo que fuera una nación próspera y libre, sino en la conversión en una colonia empobrecida, dependiente, opresora e injusta.
-Ninguna sombra del pasado podrá interponerse ahora para que los argentinos marchemos unidos y solidarios, hasta la construcción de la Argentina potencia.
-Debemos lograr el robustecimiento de la unidad latinoamericana y del Tercer Mundo, contra toda forma de imperialismos, la subordinación a las centrales continentales o internacionales, quienes sirven a la política imperialista de cualquier signo.
-La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los argentinos, sin sectarismos ni exclusiones.
-La liberación será el destino común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos, abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para una vida más justa, para un mundo mejor.
JIR/
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EL COMPAÑERO RUCCI
Por Saul Ubaldini
Voy a hablar como compañero de José Ignacio Rucci, que ha vivido parte de la historia de su vida. Es sabido de todos sus sufrimientos y dolores.
Como él lo ha definido muy bien, dos objetivos marcaban su vida: la lealtad a los trabajadores y la lealtad al general Perón.
Luego de la primera llegada del general Perón a la República, compartimos la foto que hoy permanece en la memoria de todos los argentinos: su paraguas sosteniendo el regreso, por las lágrimas que del cielo apuntaban al retorno del general.
Distintas vicisitudes lo llevaron a que en el último congreso Argentina Liberada, dijera que ese sería su último mandato, porque la vida le estaba dando los cumplimientos necesarios y lo único que quería era que el general Perón volviera a ser presidente de los argentinos.
Paradójicamente, dos días antes de su horrendo asesinato, el general Perón fue elegido nuevamente presidente de los argentinos.
Él necesitó mucho de su guía y acompañó el pacto social que llevó a colocar a la Argentina en un punto culminante. Sabía que cumpliendo con lo que allí se proponía, cumplía con los trabajadores y con el pueblo.
También conocía el dolor horrendo que habían causado las manifestaciones dictatoriales, que terminaban con la voluntad del pueblo. Sabía que cumpliendo con ese programa se iba a lograr lo que el general Perón ya le había mostrado en sus primeros apuntes, consistentes en -nada más y nada menos- lo que leyó en este recinto: el modelo nacional.
El general Perón necesitaba a José, porque era la fuerza contundente que podía mantener en pie al movimiento obrero. Yo también he pasado seis años en el sexto piso de la CGT, utilizando el mismo lugar. Estuve a su lado en momentos difíciles.
La noche anterior, antes de partir para la calle Avellaneda, sabía que algo grave le iba a suceder, pero su fuerza, su potencia, su inteligencia y su integridad no hacían más que imponer una conducta que luego, en Rosario, hizo que lo llamara -ese gran gigante pequeño.
Ese hombre supo atraer todo aquello que estaba vinculado con la vitalidad del sindicalismo y con la participación en la política que Perón nos había fijado. Por eso realizamos este homenaje y mantenemos un recuerdo permanente de su figura. Esperamos que Dios sea tan caritativo con él como José lo fue con nosotros.
Por eso, quedará grabada en la Organización Internacional del Trabajo su posición en defensa de los trabajadores del mundo. También se recordará su valentía y entereza.
Los trabajadores jamás lo olvidaremos y tendremos el orgullo de que José represente a todos los héroes sindicales, los que comenzaron luchando en la última parte del siglo XIX, los que murieron en la plaza Lorea y en el Sur, y los que participaron de la trayectoria del sindicalismo de lucha.
Sabemos que a veces la historia nos obliga a mirar hacia el futuro, pero también a recordar a nuestros luchadores. No tengo dudas de que José Ignacio Rucci nos representa a todos.
SU/
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LA MUERTE DE JOSE IGNACIO RUCCI
Por Daniel Brión
La historia oficial -escueta y evasiva como siempre -consigna que el entonces secretario general de la CGT José Ignacio Rucci, fue asesinado el mediodía del martes 25 de setiembre de 1973 y al margen de la fecha aporta pocos datos.
Por aquella época gobernaba provisoriamente Raúl Lastiri (yerno del hermano José López Rega) y ya había resultado electo el teniente general Juan Domingo Perón. Con el líder en el país, muy pronto a asumir la esperanza de millones y cuando la Argentina transitaba una democracia tan soñada ...
El líder sindical había pasado la noche en un departamento de la avenida Avellaneda (casi Nazca) en el barrio de Flores. Allí vivía un familiar y Rucci solía quedarse a dormir desde hacía por lo menos un semestre, lo que era ignorado por casi todos los vecinos de la zona.
Otras fuentes sostuvieron que el sindicalista acostumbraba cambiar su lugar de descanso por estrictas razones de seguridad.
Lo cierto es que Rucci abandonó la finca a las 12:10. Frente a la casa lo esperaba su Torino rojo y muy cerca, los tres vehículos de la custodia.
El atentado dio comienzo exactamente cuando el gremialista cruzaba la vereda rumbo al Torino.
Los disparos partieron desde los techos de las casas de alto de la acera ubicada al sur.
El testimonio de los custodios no es precisamente un dechado de exactitud.
Llegaron a afirmar, tal vez para justificar su ineptitud, que los agresores habían arrojado, bombas o granadas, cuyas evidencias jamás fueron encontradas.
José Rucci fue alcanzado inmediatamente por buena parte de esa lluvia de balas, con una profunda herida en su cuello, además, por supuesto, de numerosos impactos en todo su cuerpo.
Cuando ya era tarde y el líder yacía en la vereda, recién entonces los custodios se parapetaron detrás de los autos para repeler el ataque. Tuvieron una sorpresiva respuesta cuando los disparos comenzaron a llegar desde las ventanas a sus espaldas.
Así, Rucci recibió nuevos balazos, al igual que su chofer, Tito Nuñez, y Ramón Rocha, otro de los custodios. El desconcierto era total. Aparentemente, los atacantes habían iniciado la emboscada con el lanzamiento de una tabla que llevaba una ristra de petardos.
La defensa se hacía casi imposible, sobre todo si se le suma que desde un colegio cercano (en cuya terraza parecía haber una boca de fuego atacante) alguien les gritó a los custodios que detuvieran el fuego ya que en el interior del establecimiento había más de 200 escolares.
Sin embargo, pese a su intensidad (los primeros cálculos periciales estimaron que se dispararon más de cien proyectiles) el tiroteo fue relativamente breve, ya que a las 12:30 los agresores habían huido.
Lo que se supo enseguida fue que era un comando integrado por nueve a once personas, las que dispararon desde tantos puntos diferentes que hizo imposible la defensa.
A eso debe sumársele el tipo de armamento empleado para perpetrar el crimen: armas largas de precisión, ametralladoras sin utilizarse,! pero que estaban reservadas en caso de que Rucci lograra subir al auto o la defensa de los custodios fuera más efectiva.
El informe de la morgue judicial sobre el cadáver del líder sindical asesinado dice:
1) Herida contuso-cortante de unos 4 centímetros y medio en la cabeza; 2) otra herida similar en la frente; 3) un hematoma en ese mismo lugar, probablemente por la caída; 4) herida cortante superficial en la nariz; 5) herida de bala en la cara; 6) herida de bala en la cara lateral del cuello; 7) herida de bala en la base del cuello; 8) herida de bala debajo de la nuca; 9) herida de bala en el hombro derecho, con rotura de clavícula; 10) dos heridas de bala en la región mamaria derecha; 11) 16 heridas de bala en el tórax; 12) heridas de bala en la mano izquierda; 13) fractura del húmero; 14) herida de bala en la rodilla izquierda.
Tal vez el lamento más gráfico fue el del propio General Perón:
-Me cortaron las patas.
DB/
Compañero
JOSE IGNACIO RUCCI
Compañeros
Tito Nuñez y Ramón Rocha
¡¡¡ PRESENTES !!!
IMEPU
Instituto por la Memoria del Pueblo
N&P: El Correo-e del autor es Daniel Brion imepu@hotmail.com
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RUCCI, LOS MONTOS Y LA CIA
-A Rucci lo mato la CIA (Rodolfo Walsh)
Por Carlos de los Santos
En la biografía de Santucho, máximo dirigente del ERP, publicada por María Seoane (Todo o nada, Planeta, 1991) esta periodista concluye que sólo los militares podrán algún día esclarecer si el capitán Juan Carlos Leonetti -quien disparó sobre Santucho pereciendo en el tiroteo- descubrió el escondite relevando las compras y alquileres de viviendas en la zona de Villa Martelli, en Buenos Aires, tras conocer la identidad falsa del lugarteniente del jefe del ERP Domingo Menna, secuestrado por el Ejército a mediodía del fatídico 19 de julio de 1976, a cuyo nombre estaba el apartamento en que se habían atrincherado cuatro de los cinco miembros de la cúpula de ese grupo guerrillero; o si llegó al refugio por -una infidencia de Montoneros.
El 19 de julio de 1976, Fernando Gertel, enlace de Santucho con Roberto Perdía -número dos de los Montoneros- alertó a Liliana Delfino, mujer de Santucho, que quien cumplía similares funciones a las de él ante Perdía, no había concurrido a una cita que ambos tenían previamente concertada para arreglar una reunión entre Santucho y Perdía con el propósito de afinar el lanzamiento de la Organización para la Liberación de la Argentina (OLA), la primera alianza pública bajo una sola sigla entre las dos formaciones que finalmente no se concretó.
Sin embargo, en las memorias que escribió el recientemente fallecido alto dirigente del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP), Enrique Gorriarán Merlo, tituladas De los Setenta a La Tablada (Planeta, 2003) eximen a Firmenich y a los Montoneros de cualquier responsabilidad en la caída del líder del ERP, Roberto Santucho, rebatiendo lo apuntado por María Seoane al respecto en su libro Todo o nada (Planeta, Argentina, 1991).
El escritor estadounidense Martin Edwin Andersen afirma que, el 25 de septiembre de 1973, los Montoneros no fusilaron a José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT; ni acribillaron el 15 de julio de 1974 al civil Arturo Mor Roig, ex-ministro del interior de la penúltima dictadura militar que asolara la Argentina (1966-1973); acciones ejecutadas -siempre según Andersen- por los escuadrones de la muerte de José López Rega, la tristemente célebre Triple A .
Según el periodista Juan Gasparini, la fuente principal de Andersen sigue siendo el fenecido Robert Scherrer, un ex-agente del FBI que revistara en la embajada estadounidense en Argentina, con el cual dice que habló y cruzó dos cartas, quien paradójicamente no dejo constancias escritas en la CIA de sus descubrimientos, no hallándose nada en los archivos que ya han sido desclasificados para esta fecha. La ausencia es llamativa si se la contrasta con los inquietantes informes de la propia CIA sobre Scherrer, enlace norteamericano con el Plan Cóndor pergeñado por Augusto Pinochet para coordinar la represión en el Cono Sur, constituyéndolo en una fuente de informaciones sobre los movimientos políticos de oposición a las dictaduras que asistió como espía a las ordenes de los servicios de inteligencia de su país .
Juan Carlos Dante Gullo, de la Juventud Peronista, el Canca, quien hacía antesala en la casa de Gaspar Campos para reunirse con Perón, cuando Juan Esquer entró a la pieza donde esperaba y gritó: ¡Asesinaron a Rucci! pensó inmediatamente que a Rucci lo habia matado la CIA.
Sé, dice Jose Amorin, en su libro Montoneros, la buena historia, que Hobert, secundado por el Canca Gullo, Perdía y, tal vez, también por Dardo Cabo, hicieron lo imposible por arreglar los tantos con el sindicalismo y con Perón.. Sé que llegaron a un acuerdo con Lorenzo Miguel y que el Viejo se sentía predispuesto a conciliar.
La hija de Jose Ignacio Rucci, actriz, empleada en el área de la Subsecretaría General de la Presidencia de Nestor Kirchner, bajo la direccion de Carlos Kunkel, ex Comandante montonero, decía en un reportaje ante la pregunta: -¿Cómo es trabajar con ex montoneros? Supongo que creciste con la idea de que ellos asesinaron a tu padre…/- Con mi hermano no podíamos entender por que lo mataron así. Al principio con los –muchachos fue muy difícil, no lo voy a negar. Por lo menos para mí y supongo que también para ellos. Yo allí trabajo. Sé que me respetan. Al principio no podían creer que era la hija de Rucci, me miraban con curiosidad. Un día hablé largamente con Dante (Gullo) y después con Tojo (Ojea Quintana), y ellos me aseguraron – y Yo les creo – que en el ámbito en que militaban jamás se planificó el asesinato de mi padre. Y les tengo respeto, por que son gente que se jugó por sus ideales. Yo pienso lo mismo que ellos. Rucci, a pesar de lo que algunos dicen, era un revolucionario. No creía en un Peronísmo como el de los ´90...Mi padre no era como los sindicalistas que vinieron después, los que acordaron con los militares y con Menem. Si hubiera vivido, seguro que terminaba preso de la dictadura o desaparecido. Adoraba a Perón, le era absolutamente fiel, él le decía –hijo-. Eran años difíciles, todos estaban enfrentados con todos.../-¿Qué pensás del Museo de la Memoria en la ESMA?/- Me parece justo. La represión del estado jamás se puede equiparar a la actuación de grupos guerrilleros. Fue un genocidio. Pero creo que los montoneros le debe a la gente una autocrítica por aquellos años. (Diario Mar de Ajó (el diarito)).
Recien venido del acto con que la Secretaría de Derechos Humanos de la CGT, dignamente conducida por Julio Piumato, donde conmemoró el 24 de marzo de 1976, Nestor Gorojovsky de Reconquista Popular narraba que, entre otros, habló en ese acto Carlos Kunkel, quien refiriéndose a las condiciones que hicieron posible el golpe del 76 hizo un llamamiento a no entrar en provocaciones que pudieran volver a dividir al campo nacional, y luego, en un gesto ejemplarizador de coraje político, se hizo cargo - en tanto viejo militante de la Juventud Peronista - del criminal asesinato de José Ignacio Rucci, aún cuando, explicó (todos lo sabíamos) que el asunto había sido tramitado en secreto por unos pocos y ni siquiera la base de Montoneros tenía idea de quién lo había matado. Fue muy aplaudido por una audiencia que entendió perfectamente el sentido de esa declaración.
Jorge Eduardo Rulli, uno de los fundadores de la primera Juventud Peronista de la Resistencia, decía en el 2004, -Creo que a pocos deben haberle quedado dudas en aquellos tiempos que fueron los Montoneros quienes asesinaron a Rucci, además de la sucesión de hechos políticos, innumerables testimonios y corrillos de militancia daban fe de ello de modo contundente al margen de que no hubo nunca un formal reconocimiento.
Continúa Rulli: -La muerte de Rucci no sólo le cortó las piernas al General, sino que le cargó sobre los hombros ya envejecidos un peso que no podría llevar adelante. De modo tal que de una manera infinitamente perverso se termina acusando a Perón de aquello mismo que se construyó cuidadosamente y sin miramientos, me refiero a su soledad, su frustración, su fracaso y su desesperanza?
-Desorbitar el proceso de la Revolución Nacional, dice Rulli, empujarlo a los desvaríos propios de un proceso de cambios sociales que extravía su propio rumbo, propiciar que los sectores más reaccionarios tomen el poder interno para poner las cosas en blancos y negros, esa fue la estrategia. De quienes? Del imperialismo y sus servicios, remata Rulli..
Ninguna de las organizaciones guerrilleras se atribuyó de inmediato el atentado, por lo que los rumores florecieron. Lo que sí se supo enseguida fue que era un comando integrado por nueve a once personas, las que dispararon desde tantos puntos diferentes que hizo imposible la defensa. A eso debe sumársele el tipo de armamento empleado para perpetrar el crimen: armas largas de precisión, ametralladoras sin utilizarse, pero que estaban reservadas en caso de que Rucci lograra subir al auto o la defensa de los custodios fuera más efectiva.
Una de las primeras declaraciones oficiales fue la del general Miguel Ángel Iñíguez, el entonces jefe de la Policía Federal, aseguró que -hubo un llamado telefónico a la comisaría, una voz femenina que dijo pertenecer al ERP-22 de agosto (en homenaje a los caídos en Trelew) y que -esa es la organización autora del asesinato.
Algunos mentideros no estaban muy convencidos. Para ellos habían algunas piezas que no terminaban de encajar en la trama, si bien el ERP había sido declarado ilegal por decreto presidencial apenas un día antes, el lunes 24, su línea política no le permitiría atentar contra sindicalistas.
Finalmente los trascendidos indicaron que habían sido miembros de la organización Montoneros y no el Ejército Revolucionario del Pueblo, los encargados del magnicidio.
Para autores como Giussani, -los Montoneros, sobre todo tras el deterioro de sus relaciones con Perón, explicaban con frecuencia el asesinato de Rucci como un apriete dirigido al anciano líder para inducirlo a negociar un nuevo trato con la organización.
Sin dudas, si los guerrilleros habían determinado -ablandar las relaciones con Perón, rígidas y estancadas desde hacía tiempo, -tirarle el cadáver en la cara, era una forma que presión política, decían algunos, y se buscaba poner algunas condiciones con el Viejo. Así se pretendería explicar el motivo por el cual los -montos no se adjudicaron el asesinato del brazo derecho del líder justicialista en el sindicalismo.
No obstante, continuaban las versiones.
No faltan los que atribuían la trágica muerte de Rucci a los servicios a una incipiente banda que luego se reconocería como la Triple A y hasta, a una provocación de la CIA.
Según la diputada nacional del Partido Justicialista por la Capital Federal Inés Pérez Suárez, a mediados de 1999, el hijo, la hija y quien fue la esposa de José Ignacio Rucci percibieron en el despacho del entonces ministro del Interior, doctor Carlos Corach, la indemnización que les correspondía por derecho, porque se comprobó en el dictamen del área de DD. HH. de ese Ministerio que José Ignacio Rucci fue muerto por la Triple A.
Por ese motivo, sus familiares fueron indemnizados y recibieron la reparación correspondiente. Aclaro Inés Pérez Suárez que eso le constaba no sólo porque fuera una de las firmantes de esa resolución, sino también porque lo había presenciado junto al, entonces, Ministro del Interior, quien saludó a los familiares.
Es necesario hacer esta aclaración, porque tal como sucedió con el caso del padre Carlos Mugica, también existía alguna sospecha sobre quiénes eran los que habían matado a José Ignacio Rucci.
Sea como fuere, y a pesar de que muchos creen conocer la verdad con exactitud si uno analiza las consecuencias que tuvo ese asesinato, puede inferirse que, indudablemente, esa muerte beneficiaba a los sectores ligados con los intereses norteamericanos que serían los grandes beneficiados del golpe de Videla, Agosti y Massera y, naturalmente, la oligarquía nativa que también firmaría su sentencia de muerte al ir desapareciendo frente a la presión de las corporaciones dedicadas, desde allí en mas, a la producción agropecuaria y ganadera y a la compra de las tierras a lo largo y a lo ancho del país, dejándola progresivamente afuera del juego.
Cuando hay un asesinato, para averiguar quien fue el asesino la pregunta de rigor es :-¿A quien beneficia esta muerte?
¿Quién se benefició con la muerte de Rucci?
a): La Central obrera, los sindicatos, los dirigentes gremiales –No. Definitivamente No. La Dictadura del Proceso comenzó a detener a los miembros de las comisiones internas de las fábricas y a secuestrarlos, torturarlos, matarlos y hacerlos desaparecer. Como resultado de esa masacre, de allí en mas fue dándose un total retroceso de la clase trabajadora y de toda la industria que contrataba su mano de obra. Con la apertura de la economía de la Dictadura del Proceso y la política de importación de José Alfredo Martínez de Hoz, su Ministro de economía, los puestos de trabajo fueron desapareciendo, día a día, hasta completarse durante el alfonsinato, el menemato y el período de la Alianza, cuando el Chacho Álvarez presionaba sus diputados a firmar la ley de flexibilización laboral que termino definitivamente con los derechos adquiridos por la clase trabajadora.
b): ¿Los Montoneros, el ERP, Las FAP, las FAR? –No definitivamente No. A partir de la muerte de Rucci y sus custodios y compañeros se precipitó la caída del gobierno constitucional de la Señora de Perón, muerto ya el líder del Siglo XX, y, a poco tiempo de que se realizaran las siguientes elecciones nacionales, quedando el poder del estado en manos de una camada de asesinos entrenados por EE.UU. y por los instructores franceses que enseñaban a torturar a los detenidos hasta hacerles decir toda la información de que disponían para así poder atrapara a sus compañeros. Los Montoneros fueron secuestrados, torturados, muertos y desaparecidos por miles al igual que a los demás miembros de las organizaciones armadas del campo popular. Quienes no fueron masacrados vieron masacrar a sus familias, lo que pudieron se tuvieron que ir del país y pasar años y años sobreviviendo en países lejanos al suyo con las consiguientes incomodidades, complicaciones personales, económicas, laborales, familiares, etc.
c): ¿A la burguesía PyME nacional? -No, definitivamente, No, porque la inestabilidad generada en la sociedad argentina con estas y otras muertes de la Triple A generaría las condiciones para que fuera derrocado el gobierno constitucional y deviniera el gobierno de la Dictadura del Proceso que abriría la economía a la importación extranjera destruyendo todo el aparato productivo nacional.
d): ¿A la alta burguesía y la oligarquía? –Si, definitivamente ya que ellos fueron los primeros en asociarse a la importación de productos extranjeros y a organizar su economía generando una falsa deuda externa para el país a través de una serie de tejes manejes que culminaron con la estatización de la Deuda Externa privada, dejando sus ganancias en el exterior y generándole al erario publico una carga negativa que todavía hoy tiene pendiente de pago, aunque también se pagó con la miseria y la pobreza generada a la comunidad argentina, quitándole su condición de trabajadora. En el período de la Dictadura procesista se concentró la riqueza en unos pocos y la pobreza en la enorme mayoría del pueblo argentino, devastado y empobrecido.
e): ¿Al Departamento de Estado de los EE.UU? –Si, indudablemente, porque ya estaba en marcha el Plan Cóndor elaborado por los servicios de los EE.UU. para transferirle a los países de la periferia las enormes sumas acumuladas por los países petroleros, luego del nacimiento de la OPEP, que había sido absorbido por los Bancos de Occidente pero que generaban intereses que alguien tendría que pagar y eso éramos nosotros. Por otro lado la independencia que generaba la línea económica del gobierno del general Perón, el pleno empleo logrado en poco tiempo, la soberanía política del gobierno argentino que podía imponerle a la Ford la venta de autos argentinos a Cuba rompiendo el bloqueo que los norteamericanos le habían impuesto a la isla comandada por la Revolución cubana, y los antecedentes tercermundistas del General Perón en sus años mozos, imponía una acción rápida y una presión destructiva de deterioro sobre las fuerzas que habían alcanzado el manejo de los recursos del Estado nacional. No hay que olvidar que, aun después de la muerte del general, su viuda, a cargo del ejecutivo nacional, había avalado una Ley que nacionalizaba las bocas de expendio de las estaciones de servicio, lo que había dejado fuera del juego a la Shell, la Esso y otras compañías que operaban hasta entonces en el país. Empresas que volvieron a operar en Argentina, apenas la Dictadura del Proceso se apoderó de la cosa pública.
La sinarquía internacional había matado a Salvador Allende en la casa de gobierno de Chile con bombas y metralla, como quisieron matar a Perón en la casa rosada en Junio de 1955. ¿Por qué no habrían de matar a José Ignacio Rucci, y con él, herir de muerte (así fué como sucedió en definitiva) al general Perón? ¿Acaso no habían demostrado su capacidad de producir sucesos catastróficos en la Colombia de Gaitán? ¿En el Santo Domingo de Bosh y Caamaño Deno? ¿En la Guatemala de Jacobo Arbenz?
José Ignacio Rucci fue un Alfil de Perón comido en el ajedrez del enemigo de la Nación: el imperialismo. No importa a través de que agentes, situaciones, instituciones, personalidades o circunstancias se valieron para ejecutarlo. Por eso es y será siempre un soldado de Perón, un valioso dirigente de la clase obrera y un Patriota muerto en cumplimiento de su deber.
Compañero
Jose Ignacio Rucci
¡¡ PRESENTE !!
Tu nombre será inscripto por el pueblo trabajador en el carro de la victoria.
Estas presente, por derecho propio, en el Comando celestial, junto a Perón, Evita, Atilio López, Agustín Tosco, Amado Olmos, Felipe Vallese, los compañeros anarquistas de la Patagonia rebelde; los obreros de los talleres de Vasena, del frigorífico y de tantos oros compañeros trabajadores que lucharon por la dignidad de los hombres y mujeres humildes del planeta.
Para recordar- en homenaje a todos los Trabajadores
Constitución del la Nación Argentina de 1949
(aprobada el 11 de marzo de 1949)
Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad +y de la educación y la cultura
Art. 37 - Declárense los siguientes derechos especiales:
I. Del trabajador
1. Derecho de trabajar - El trabajo es el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general; de ahí que el derecho de trabajar debe ser protegido por la sociedad, considerándolo con la dignidad que merece y proveyendo ocupación a quien lo necesite.
2. Derecho a una retribución justa - Siendo la riqueza, la renta y el interés del capital frutos exclusivos del trabajo humano, la comunidad deber organizar y reactivar las fuentes de producción en forma de posibilitar y garantizar al trabajador una retribución moral y material que satisfaga sus necesidades vitales y sea compensatoria del rendimiento obtenido y del esfuerzo realizado.
3. Derecho a la capacitación - El mejoramiento de la condición humana y la preeminencia de los valores del espíritu imponen la necesidad de propiciar la elevación de la cultura y la aptitud profesional, procurando que todas las inteligencias puedan orientarse hacia todas las direcciones del conocimiento, e incumbe a la sociedad estimular el esfuerzo individual proporcionando los medios para que, en igualdad de oportunidades, todo individuo pueda ejercitar el derecho a aprender y perfeccionarse.
4. Derecho a condiciones dignas de trabajo - La consideración debida al ser humano, la importancia que el trabajo reviste como función social y el respeto recíproco entre los factores concurrentes de la producción, consagran el derecho de los individuos a exigir condiciones dignas y justas para el desarrollo de su actividad y la obligación de la sociedad de velar por la estricta observancia de los preceptos que las instituyen y reglamentan.
5. Derecho a la preservación de la salud - El cuidad de la salud física y moral de los individuos debe ser una preocupación primordial y constante de la sociedad, a la que corresponde velar para que el régimen de trabajo reúna requisitos adecuados de higiene y seguridad, no exceda las posibilidades normales del esfuerzo y posibilite la debida oportunidad de recuperación por el reposo.
6. Derecho al bienestar - El derecho de los trabajadores al bienestar, cuya expresión mínima se concreta en la posibilidad de disponer de vivienda, indumentaria y alimentación adecuadas, de satisfacer sin angustias sus necesidades y las de su familia en forma que les permita trabajar con satisfacción, descansar libres de preocupaciones y gozar mesuradamente de expansiones espirituales y materiales, impone la necesidad social de elevar el nivel de vida y de trabajo con los recursos directos e indirectos que permita el desenvolvimiento económico.
7. Derecho a la seguridad social - El derecho de los individuos a ser amparados en los casos de disminución, suspensión o pérdida de su capacidad para el trabajo promueve la obligación de la sociedad de tomar unilateralmente a su cargo las prestaciones correspondientes o de promover regímenes de ayuda mutua obligatoria destinados, unos y otros, a cubrir o complementar las insuficiencias o inaptitudes propias de ciertos períodos de la vida o las que resulten de infortunios provenientes de riesgos eventuales.
8. Derecho a la protección de su familia - La protección de la familia responde a un natural designio de individuo, desde que en ella generan sus más elevados sentimientos efectivos y todo empeño tendiente a su bienestar debe ser estimulado y favorecido por la comunidad como el modo más indicado de propender al mejoramiento del género humano y a la consolidación de principios espirituales y morales que constituyen la esencia de la convivencia social.
9. Derecho al mejoramiento económico - La capacidad productora y el empeño de superación hallan un natural incentivo en las posibilidades de mejoramiento económico, por lo que la sociedad debe apoyar y favorecer las iniciativas de los individuos tendientes a ese fin, y estimular la formación y utilización de capitales, en cuanto constituyen elementos activos de la producción y contribuyan a la prosperidad general.
10. Derecho a la defensa de los intereses profesionales - El derecho de agremiarse libremente y de participar en otras actividades lícitas tendientes a la defensa de los intereses profesionales, constituyen atribuciones esenciales de los trabajadores, que la sociedad debe respetar y proteger, asegurando su libre ejercicio y reprimiendo todo acto que pueda dificultarle o impedirlo.
Derogada por DECRETO No. 4161, por la revolución fusiladora el 27 de abril de 1956.
viernes, 26 de septiembre de 2008
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