Los guardianes de Cargill
Por Raúl Dellatorre
La revelación fue hecha por la mañana por Alfredo De Angeli desde la ruta.
Por la tarde la ratificó Néstor Roulet desde Córdoba. El primero, titular de
Federación Agraria de Entre Ríos, lo hizo mientras cortaba las ramas de una
plantita que tenía tomada desde el tallo, representando cómo se distribuía
el resultante de la producción de soja. El segundo, vice de Confederaciones
Rurales (CRA), describiendo quién se queda con qué "de los cien metros de
bolsa de soja".
"De los cien metros, el Gobierno se queda con 50 (por los impuestos); de los
otros cincuenta, 10 se gastan en fletes, y 35 tenemos que pagar por los
costos de siembra (semilla, fertilizantes, herbicidas, contratistas para la
trilla y demás tareas); es decir que al productor solamente le quedan 5
metros." Revelador: al exportador, justo al que le impusieron las
retenciones, no le queda nada. Ni un centímetro de bolsa, en lenguaje de
Roulet. Ni la punta de una ramita, en términos del rutero De Angeli.
Curioso y paradójico punto de llegada al que arriban las didácticas
explicaciones de los dirigentes. Pero para nada ingenuo ni absurdo: es la
lógica del planteo de los ruralistas desde que empezó el conflicto.
Permanentemente han atacado la parte que queda en manos del Estado
(impuesto), pero jamás aluden a la que se devora el comercializador que
domina la mitad de la cadena, desde la tranquera hasta el barco. El dueño de
las plantas de acopio, de los puertos privados, de los molinos y socio en la
venta de fertilizantes y semillas. Tal es el caso, en toda la cadena, de
Cargill y, en algunos eslabones, de Bunge, Dreyfus, Nidera y Aceitera
General Deheza, grandes beneficiarios de la renta agropecuaria.
Para verlo más claramente: la retención que hace la Aduana, del 40 por
ciento en el caso de la soja, no es "sobre los 100 metros de la bolsa", sino
sobre un valor inferior que, de acuerdo con el Código Aduanero, convierte el
tributo en sólo 28,6 metros de esos 100. Pero como parte de la producción de
granos va al mercado interno y parte se exporta con menor tasa de retención,
lo que entra al fisco es mucho menos.
El acopiador-exportador se apropia de una parte de la producción igual o
mayor que la que le corresponde al Estado. Encima, descontándole al
productor un porcentaje por retenciones que ni siquiera ingresa al fisco. Y
sin siquiera ser acusado por los dirigentes que encabezan la protesta ni ser
imputado por el Gobierno. ¿Por qué será que toda la argumentación de este
conflicto encubre la responsabilidad de los exportadores? ¿O éstos habrán
sido expropiados por el Estado sin que nos demos cuenta y sus ingresos deben
ser computados, como dice Roulet, dentro de "los 50 metros de la bolsa" que
se queda el Gobierno?
martes, 13 de mayo de 2008
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