Instrucciones para mirarse en el espejo
Muchas veces creemos que las raíces de nuestros problemas están en los otros, los culpamos por ellos, y a veces hasta podemos llegar a agredirlos. Pero en realidad la mayoría de nuestros conflictos son producto de nuestras propias falencias, por no poder comprender nuestros errores. Es ahí cuando tenemos que recurrir al maldito espejo que refracta la porción decadente del todo que somos. Ese esqueleto metálico que encontramos en los baños de las casas, en los dormitorios, en el ascensor, en las orejas de los autos que se alejan, o en las vidrieras de los comercios. Ese espejo que se ríe de nosotros y nos ensancha, o nos adelgaza, nos alarga o achica a su voluntad.
Ante una etapa depresiva refleja una cara angustiada en un impulso nervioso que llega a nuestro globo ocular, de ahí al cerebro procesador de información. La materia gris evalúa y nos trata de convencer de que ese insipiente papel metálico distorsiona la realidad. ¿Acaso el reflejo contempla sentimientos? ¿Puede mostrarnos la parte posterior de nuestro cuerpo sin la ayuda de otro de sus correligionarios?¿Seremos afines a sus creencias?- todo se lo pregunta el todo. Sin miedo a sufrir refutaciones afirmo un profundo, pronunciado y rotundo no.
Si en cambio nos queremos ver de perfil, debemos torcer el cuello o hacer lo mismo con el espejo. La sensación es menos calamitosa (excepto en los acomplejados o en los que cuentan con el apodo de ñato o narigón en el mejor de los casos) producto de que no contamos con todos los rasgos de la cara, sólo con una mitad o la otra. Además podemos observar partes de nuestro cuerpo que están ocultas cuando estamos de frente. Recomiendo esta pose cuando los sentimientos nos remiten a Mandinga.
Pero no sólo está en épocas trágicas, también puede ser utilizado cuando nos preparamos para una cita, para trabajar o para cualquier banalidad que se le ocurra. También pude ser utilizado para modificar el vestuario, no recomendable a personas que sufren de histeria. Mujer, primero seleccione la ropa, luego verifique si le gusta como le queda puesta y por último verifíquese en el cristal. El aprobará los colores y la catidad? de ropa a pasear. En tiempos capitalistas seguir estos pasos es maximizar el tiempo. Es una estrategia a sufrir.
Ahora bien para los más meticulosos los pasos de la receta a seguir son los siguientes. Escoja uno de los muchos espejos de su casa, supogamos que eligió el del baño. Diríjase hacia la puerta, tome el picaporte gire hacia abajo y empuje hacia adentro, camine por el centro y sitúese delante del espejo. Tome la precaución de estar de frente y con los océanos abiertos. En caso de estar de espaldas o sin caudal pluvial, la experiencia no tendrá mayores efectos.
Sonría levemente y verifique si ocurre lo mismo que con los seres humanos, si la carcajada de un vidrio es contagiosa. Póngase en triste, piense en algún suceso doloroso (desde aquí le recomendamos pensar en un viejo amor o en la última rodaja de bondiola que su amigo ingirió y que usted tanto anhelaba) y con los gestos correspondientes verifique si el reflejo lo consuela como lo hace una nueva amante o una compra en el supermercado chino.
En la cartera de la mujer es indispensable. La señora debe tomar su polvera, observar si tiene corrido su maquillaje y en caso afirmativo a través del pequeño espejo corregir la falla en el cutis. Dicen que vivimos en una sociedad civilizada, le recomiendo que descrea de los intelectuales y de los retractables.
El metal transparente es también la puerta de la disociación. Es un instrumento muy ambiguo; ya que produce alegrías en un momento y locuras en otro. Pobre infeliz creer que todos reaccionamos de la misma manera ante su Señoría. Tal es el grado de omnipotencia que se cree con la capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo.
Del espejo se puede desprender uno con mucha facilidad, ya sea rompiéndolo con cualquier otro objeto, o lo que más lo enfada, la indiferencia, pese a que es tan cínico, no lo explicita.
miércoles, 17 de octubre de 2007
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