miércoles, 17 de octubre de 2007

Despertar en un lugar extraño

Advertencia: El siguiente es un cuento
Medio pelotudo, pero no le pidas peras al olmo.



Despertar en un lugar extraño

Rayos de sol primaveral sobre mi piel. Intento abrir los ojos pero las pupilas se contraen, los parpados que se abren y se cierran.Una pequeña jaqueca, hasta parece que hormigas caminan sobre mi cuello. Acompañándome, una botella de Cabernet Souvignon- Malbec.
De repente, el silencio inquietante se interrumpe con ruidos de palomas y campanas que me despiertan. Tomo valor y me decido a levantarme. Veo una construcción muy antigua, con base de ladrillos sin revoque. A lo lejos observo que hay faroles encendidos. Es un lugar muy oscuro pese a que es día y un resto de sol penetra por la claraboya. Creo no haber estado aquí antes, pero el lugar me resulta conocido.De pronto se escuchan voces, pero no veo a nadie. -¿Seguiré borracho?- me pregunto. Investigo el lugar, el techo tiene forma de cúpula como en los templos religiosos. Las campanadas no cesan en su cuenteo del tiempo. -Estaré al lado de una iglesia, o quizás debajo-. En la Ciudad de Buenos Aires hay al menos diez túneles, pero sólo uno bajo un edificio donde se rinde culto. Estoy entre los túneles construidos por los jesuitas en la mismísima Manzana de las Luces. Las voces deben provenir del mercado que se encuentra en la ochava de la calle Perú. Pero sigue habiendo algo confuso. ¿Cómo hice para llegar a este lugar y qué hace esta vasija de cristal vacía al lado mío? Una mujer quizá me trajo a este lugar. ¿Habré seguido a alguna? Las conjeturas se continúan emplazando. ¿Estaré soñando? No lo sé, en este momento lo único que me interesa es salir de aquí. No es tiempo de razonar ni de encontrar respuestas sino de asear mi cuerpo, deslazarme poner fin a esta terrible resaca.

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