viernes, 16 de noviembre de 2007

El fraude, disfrazado de solidaridad

La lucha por reforzar los lazos sociales corre al ritmo de la historia. Sus protagonistas son hombres y mujeres que brindan un plus: tiempo para colaborar, sin ánimo de que se les retribuya materialmente. No aspiran al podio, al oro ni a la plata; ellos quieren seguir en carrera para encontrar caminos alternativos y alcanzar la meta: mejorar la calidad de vida de los rezagados. Cuando la competencia cede lugar a la solidaridad, la carrera se convierte en una maratón. La fuerza, los valores y la colaboración desinteresada toman la delantera con el envión de un grupo de héroes anónimos que corren en una misma dirección.

Una organización no gubernamental (ONG) es una entidad sin fines de lucro con objetivos definidos por sus integrantes. Orientan su voluntad de servicio para alivianar problemáticas frágiles y desatendidas por el Estado, como la contaminación del medioambiente, la desnutrición infantil o la desocupación. Los conflictos se reproducen, las organizaciones crecen en velocidad y volumen; el escenario invita a la corrupción.

El zapping nocturno toma color pasada la medianoche. Un pastor con acento portugués y vestido de traje consuela a personas desauseadas durante tres horas. En las historias de vida ficcionalizadas, la tensión se concentra en un puñado de desgracias: pérdida del trabajo, adicciones, violencia familiar, soledad y enfermedades de todo tipo. El montaje de “Pare de sufrir”, el programa de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), se aleja del prototipo televisivo. No hay tandas publicitarias ni bloques, aunque uno de los spot institucionales reza: “Es imposible disociar los diezmos y las ofrendas de la obra redentora del Señor Jesús” Pero como en todo exitoso show, nada esta librado al azar. Cuando el auge emocional y el rating alcanzan su pico, los pedidos de dinero para solventar el espacio de tv no se hacen esperar.

“Las religiones son la católica, protestante, ortodoxa griega y rusas; el resto de los cultos son sectas” refiere Carmen Blanco, catequista católica de 52 años.

La IURD es evangelista y comenzó sus actividades pastorales en los suburbios de Brasil durante la década del 70.

Los representantes de la Iglesia católica prefieren no opinar acerca de las actividades de la IURD, aunque siempre hay excepciones. Julio Malla, sacerdote radicado en Necochea, señala: “Una vez escuche que un pastor decía: dios necesita cien dólares, quien tiene cien para dios”.

Todo está preparado para la charla liberadora del mal, programada los miércoles por la tarde. El piso brillante, la música tenue pero constante, generan un escenario ideal para que los pastores entren en calor leyendo la “Biblia” mientras caminan lentamente entre la concurrencia ansiosa.

La IURD posee un cronograma semanal de charlas que duran entre dos y tres horas, a las que asisten más de cien fieles. A los organizadores no se les escapa ningún detalle, y mucho menos a los tres hombres vestidos de negro que controlan el ingreso; resulta imposible no vincular esta imagen con la de un patovica en la puerta de cualquier boliche

Uno de los principio doctrinales que pregonan los obispos dictamina: “Si quieres salir de la miseria, si quieres obtener un empleo, si quieres sanarte de una enfermedad debes aportar tu diezmo”.

La posibilidad mágica de sanar que propone la IURD se evidencia en cada uno de sus postulados: “Lo cuestionable de esta iglesia surge de su slogan: pare de sufrir. Ni siquiera en la puerta de un consultorio se podría creer eso, ya que el sufrimiento es parte de la condición humana”, comenta Juan Manuel Gutierrez, catequista protestante.

Promesas con justificaciones místicas, castigos con tinte diabólico, y la puesta en marcha de un shopping religioso donde se puede adquirir, desde piedras de la tumba de Jesús hasta el aceite de Israel.

El diezmo es una figura histórica, pero en la IURD todo sufre transformaciones impredecibles: “Generan dependencia emocional porque trabajan con sistemas de contención emocional de origen psicológico y de marketing” dice Malla.

Para participar de cualquiera de las charlas, en la IURD no cobran entrada, aunque tampoco se rehúsan a aceptar donaciones. Sin embargo, cuando el fervor del obispo y la fe de los creyentes se unen, surgen relaciones y reacciones que resultarían extrañas en una misa dominical. La puesta en escena resulta perfecta y el protagonista es el dinero que pasa de mano en mano, como si tuviera vida propia y siempre termina en el bolsillo de los pastores.

“Acá no te cobran nada, la gente hace donaciones, me dan ropa y comida todas las semanas; cuando empecé a venir estaba en la calle y hasta sin pelo” asegura Lucía, una creyente que visita la Iglesia todos los días.

La IURD refleja dos realidades: pasión, fe, fanatismo, confianza pura, y a la vez lucro, corrupción económica emocional y controversias. Dos caras de una misma moneda: fe y lucro.

Las creencias humanas no se agotan en el ámbito religioso. El trabajo genera lazos sociales que no le temen al avance de la historia. Las cooperativas de trabajo son instituciones de promoción humana que se rigen por estatutos y por la ley de asociaciones cooperativas, donde se reflejan el espíritu responsable y solidario en un mundo capitalista. Se enmarcan en una estructura jerárquica donde la Asamblea toma el papel protagónico y están atravesadas por valores universales: autoayuda, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. La consigna es única e irrevocable: lograr la hermandad e igualdad entre sus miembros, donde todos tengan los mismos deberes y derechos.

Las cooperativas juegan en el mercado económico con sus propias reglas. Distribuyen las ganancias de manera equitativa entre los asociados y cuando ganan una partida, reinvierten el excedente para fortalecerse. Pero muchas veces, ni la mejor jugada puede esquivar las maniobras de un tramposo.

El cooperativismo creció notablemente luego de la crisis del 2001. Gran parte de las cooperativas se gestaron dentro de las asambleas barriales, y sus representantes son vecinos guiados por conceptos en común: ayuda comunitaria, economía justa, y autogestión.

Pero el boom no se reduce a la Capital Federal. En Sierra de los Padres, provincia de Buenos Aires, funcionó durante el 2006 la Cooperativa Activa Ltda. dedicada a contratar trabajadores rurales para ubicarlos en las plantaciones más rentables.

La empresa Frutihortícola “Tamara”, a través de esta cooperativa, ubicada en la localidad bonaerense de Sierra de los Padres, estableció contratos laborales con setenta trabajadores provenientes de Santiago del Estero, durante la etapa de cosecha. La promesa era buena: un salario quincenal que superaba los 400 pesos, y la posibilidad de ahorrar y crecer en un lugar próspero. El sueño americano se trasladaba a las sierras.

Miriam Leo, directora del periódico digital Nueva Sierra recibió el llamado de uno de los trabajadores. La denuncia era concisa: no les pagaban lo acordado.:“Al llegar al lugar nos negaron el acceso, con el argumento de que se trataba de una propiedad privada, pero lo mas grave es que tampoco dejaban salir a los trabajadores”. Aca pondría deijo o algo así

Los periodistas que se acercaron al lugar constataron no sólo que éstos vivían en condiciones insalubres, sino que también se subempleaba a menores de edad.

“Había baños con la inscripción “niños”, y resultaba evidente que se ejercía la explotación infantil” refirió Miriam.

Alberto Noguerol preside la cooperativa de vivienda y consumo “Asamblearia” desde 2002. Como tantas otras, se gestó entre los vecinos de Villa Urquiza con el objetivo de crear una red comercial, donde la cooperativa proveía el lugar físico para la comercialización de pequeños productores. No cuenta con empleados propios porque sus ingresos son limitados: “Muchas marcas de primer nivel se apoyan en mano de obra boliviana para abaratar los costos; creo que esto es aberrante y va en contra del espíritu cooperativista”, afirma Noguerol.

Los llamados provenientes de los representantes del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y con José San Martín, ministro de Trabajo marplatense, no tardaron en llegar a la redacción. Se reunieron las pruebas necesarias para abrir la causa y se iniciaron las acciones legales contra los involucrados.

Explotación, miseria y abuso. La causa “Frutihortícola Tamara” descansa bajo el polvo del juzgado marplatense, los ex trabajadores regresaron a sus tierras con las mismas necesidades que los condujeron a migrar, pero ahora sin dinero, y con el sueño se convirtió en pesadilla.

La Asociación Civil Federal de Acción Comunitaria es una ex organización no gubernamental. Su objeto era proteger y defender los derechos de los consumidores, asesorar, enseñar y orientar a comerciantes y empresas respecto de la ley 22802 (lealtad comercial)

Miriam Stella Pulisich, inspectora de la IGJ comentó: “Cuando se constituyeron, declararon tener como objetivo promover la libre iniciativa y emprendimientos orientados a disminuir los índices de desocupación y subocupación a través del paradigma de ayuda y acción social”

También prometían activar la integración solidaria de la comunidad a través de específicos círculos sociales, proponiéndoles soluciones y alternativas superadoras en el campo del trabajo, las relaciones humanas y el medio ambiente.

Pero a esta asociación no le preocupó nunca cumplir con lo establecido. Utilizaban su figura jurídica para cometer ilícitos que derivaron en la denuncia promovida por Ernesto Mercau, dueño de una pequeña empresa en Morón: “Por el asesoramiento en el área comercial tenían acceso a datos personales de nuestros clientes, y amenazaban con utilizarlos para obtener créditos en una financiera local. Me pidieron dinero para no revelarlos y amenazaron a mi familia”

Néstor Pascuzzo, presidente de la asociación, se negó a hablar sobre la causa en la cual figura como principal imputado. Mucha cintura para perjudicar a trabajadores y evadir la ley, pero poca cara para enfrentarse a un micrófono:”No vamos a realizar declaraciones al respecto, se trata de injurias que la justicia aclarará en su momento”.

La justicia penal inició acciones legales sobre el titular de asociación por el delito de extorsión. El abogado Francisco Pestanha explica el significado de ésta figura jurídica: “Se produce cuando una persona obliga a otra a entregar, depositar o poner a su disposición dinero, valores o documentos. También se incurre en éste delito, cuando un sujeto a través de la violencia obliga a otra a suscribir documentos o a destruirlos; éstos tienen que representar obligaciones o créditos”

Asociación a favor del impulso económico, perjuicio para las pequeñas empresas. La ecuación parecía perfecta, pero los fines ilícitos pesaron más que el intento de eludir la ley.

Tres casos, tres espacios físicos, tres esferas sociales, tres expedientes, cientos de protagonistas, muchos perjudicados, pocos culpables y un eje conductor: la corrupción.


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