martes, 18 de diciembre de 2007

MANUAL DE ESTILO CASERO

La realidad no nos pasa delante de los ojos como una naturaleza muerta, sino como un relato en el que hay diálogos, enfermedades, amores y no sólo estadísticas o discursos.

La primera regla del periodismo gráfico es articular un buen relato, producir una buena historia.

* Use, en lo posible, frases cortas. No las extienda demasiado. No se fije un límite, por ejemplo, de 22 palabras por frase y destruya el resto, porque el periodismo no es una ciencia exacta. Pero si va a construir una frase larga, hágalo con exactitud y la claridad con la que GGM escribió en su primera columna periodística: “Nos dijeron que antes, cuando la madrugada era de verdad, se podía escuchar en el patio el rumor que dejaba el azúcar al subir a las naranjas”.

Tampoco se convierta en un fanático de las frases cortas: Un texto largo, armado sólo con frases muy cortas, le va a dar a su redacción un estilo telegráfico insoportable.

No pierda el orden lógico de las frases: Sujeto, verbo, predicado. Pero tampoco abuse de ese orden: El resultado sería un texto aburrido.

Combine técnicas. Si el relato lo permite y siempre que lo haga en forma correcta, cambie el tiempo verbal, Rompa el lenguaje con diálogos, citas textuales, descripciones, anécdotas. No avance en una sola dirección porque corre el riesgo de aburrir al lector aun cuando narre una historia apasionante.

Pero cuidado con los cambios de tiempo verbales, Un chofer no puede cambiar de velocidad en cualquier momento porque puede romper la caja de cambios de su auto. Del mismo modo, un periodista no puede cambiar, cuando se le ocurra, el tiempo de narración a través de los verbos.

Nunca pierda de vista el foco de su noticia o de su nota; su objetivo, ni el motivo central de esa crónica.

Use todo lo que exige el buen estilo informativo: concisión, claridad, buena construcción, naturalidad, ritmo, color, densidad, exactitud, originalidad, brevedad, variedad, detalles.

Use verbos activos y dinámicos: Ponga acción en su material. No convierta su texto en un expediente municipal que, aun cuando esté bien redactado, el lector no leerá.

Cuando escriba, tenga siempre presente a los lectores.

Siempre que pueda use los verbos en su forma activa. Es mejor decir: “El canciller anunció el mes pasado…” que decir: “El canciller había anunciado el mes pasado…”

Siempre que pueda evite los gerundios. Recuerden que un gerundio marca la simultaneidad de una acción.

No utilice palabras ni giros supuestamente poéticos. Prefiera las formas más sencillas: (“Un automóvil negro como un toro andaluz” es una frase magnífica, una metáfora excelente pero en el contexto en que la escribió el cronista Jean Paul Sartre).

Cuidado con el abuso de los adjetivos calificativos. Esto también se aplica a aumentativos y diminutivos, que hacen perder exactitud. Deje de lado la costumbre de calificar a cada persona, a cada cosa, a cada hecho.

Evite el abuso de las comas que “condenan” a una cabeza ilegible o a párrafos confusos. No escriba en cascada, intercalando oraciones subordinadas con las principales.

Cuidado con las imágenes y las metáforas. Si son buenas, dan fuerza y color. Pero si son malas, resultan cursis, afectadas, rebuscadas. Si no se está seguro de diferenciar unas de otras, no hay que intentarlas.

No se debe hacer del texto un muestrario de letras en negritas o en cursiva; ni escribir en mayúsculas los párrafos o las declaraciones que parecen importantes y dignas de destacar; ni abusar de los entrecomillados. Las partes clave de un texto deben imponerse por la claridad de su redacción.

Eliminar el “yo”. Esto está dicho pero no está de más repetirlo. No utilizar la primera persona, que no debiera existir en los géneros puramente informativos. Puede usarse evitando el abuso y el “divismo” en ciertas crónicas o reportajes especiales o exclusivos. No utilizar tampoco la primera persona del plural, el “nos”. Narrar en tercera persona del singular es menos riesgoso y lo más efectivo.

No olvidar nunca que siempre se debe informar mientras se escribe.

Recordar los preceptos que ayudan al desarrollo correcto de un párrafo como detalles ilustrativos. Siempre que se pueda incorporar al párrafo un ejemplo o una anécdota. Cifras, datos, estadísticas, comparaciones y contrastes. Y si se quiere escribir una apreciación personal. Hacerlo apoyándose en datos e información que avalen la conclusión.

No hay que dar por sobre entendido el significado de ciertos términos. No utilizar palabras a las que el sobre uso ha vaciado de contenido, como revolucionario, genial, divertido, paquete. Son palabras que pueden incluirse en una conversación pero no en un escrito periodístico.

No utilizar giros idiomáticos extranjeros. Aunque hay palabras como whisky, jockey, smoking, que están castellanizadas por lo que pueden usarse en su idioma original.

No buscar términos difíciles de comprender. A veces es bueno hacer que el lector recurra al diccionario pero en general, el lector no lee las noticias con un diccionario a mano. Utilizar por lo tanto un lenguaje simple y claro.

La escritura periodística debe ser vigorosa. Y la escritura vigorosa es concisa. Una frase, un párrafo, no deben incluir palabras innecesarias. Las máquinas no tienen partes innecesarias. Un edificio no tiene cimientos que no están destinados a sostenerlo. Esto no implica que el periodista escriba siempre con frases concisas. Lo que quiere decir es que en cualquier párrafo o frase, toda palabra debe importar.

Si el propósito del trabajo periodístico es informativo, hay que empezar con el tema central. Dejar en claro en las primeras líneas parte de las seis preguntas a responder. Generalmente esas preguntas son qué, quién, dónde y cuándo. El cómo puede esperar al segundo párrafo. Hay que evitar la vaguedad.

Si el trabajo es descriptivo, empezar con la descripción, hacer una breve referencia al tema central, ubicar al lector, hacerle saber de qué se está hablando, seguir con la descripción y luego incluir el background y el contexto.

No olvidar tampoco que el periodismo no es una ciencia exacta. Estas indicaciones tienen excepciones. Hay que utilizarlas como guía pero no atarse a ellas. Hay que dejar espacio para la creación.

Elegir la frase positiva a la frase que usa un doble negativo. Ejemplo: “No son pocos los que hoy no tienen confianza en el plan económico”. Lo correcto es: “Muchos desconfían del plan económico”.

Use datos concretos en lugar de datos aproximados. Usted está obligado a averiguar esos datos con exactitud y a chequearlos como si se tratara de una información confidencial. Recuerde que, de alguna manera, el lector confía en usted, espera que usted le transmita seguridad. No lo defraude.

Se debe tener moderación en el uso de adverbios y adjetivos. No superponerlos cuando quieren decir lo mismo, pero inclúyalos si son complementarios o contrastados. Ejemplo del error: “En vano, inútil, estérilmente, se empeñó sin resultado, en alcanzar …” Lo correcto es: “Se empeñó inútilmente en alcanzar…” O “En vano intentó alcanzar…”

No abuse de los paréntesis, o de los guiones: -los textos que se colocan entre estos signos- para aclarar parte de su crónica. Las frases entre paréntesis o entre guiones, deben contener datos incidentales, acotaciones útiles al texto, fechas, un lugar. Pero si se excede, la frase entre guiones o entre paréntesis cobra vida propia, se independiza del texto original. Entonces uno está obligado a rehacer la frase. No hay que olvidar que, tras el cierre del paréntesis o del guión, la frase principal debe mantener su sentido gramatical, su ilación, como si paréntesis y/o guión no existieran.

Salvo en caso de necesidad, en una crónica o en una nota, evite los signos de interrogación. El lector espera respuestas y no preguntas. De nada sirve preguntar en una nota, por ejemplo: “¿Cuándo la sociedad encontrará respuestas en sus funcionarios?” O “¿Por qué la justicia tarda tanto en encontrar a los culpables?”.

La misma regla rige para los signos de admiración. Evítelos en su texto. Las frases deben impactar al lector sin que el periodista les coloque una bandera como para decir ojo, que aquí hay algo importante. En cambio sí se pueden utilizar signos de preguntas y admiración a la hora de transcribir el testimonio de un entrevistado, la frase de un testigo, el grito de “¡Kamerad!” que recogió Sastre.

Elimine toda referencia al acto de escribir una nota. Como está dicho, al lector no le interesa saber si usted tocó el timbre de una puerta, ni cuánto trabajo le costó conseguir la nota que está leyendo.

Tampoco revele el truco que va a utilizar. No diga que va a recurrir a su imaginación. Recurra a ella sin revelarlo. No diga “Haciendo un balance de su gestión anterior …” . Haga ese balance.

Relea y rescriba siempre que pueda hacerlo. Corrija. Podrá detectar frases sobrecargadas, errores de concepción, información confusa, defectos de estilo. Los malos profesionales confían en su redacción impecable. Nervios, apuro, acumulación de datos, atentan contra esa redacción impecable. Siempre piense que otro va a leer el texto. Pregúntese siempre ¿Me entenderá? Si el lector no entiende lo que usted escribió no es culpa del lector.

Elimine de su vocabulario los espantosos vocablos que el periodismo audiovisual introdujo en el lenguaje escrito, como, por ejemplo, agresividad (para hablar de empuje, iniciativa, dinamismo), concientizar, direccional, coyuntural, generacional, grupal, promocionarse, visualizar, decepcionar, sentirse motivado o realizado, posicionarse, en fin.

Como un director de cine, que estrena una película que ya no es de él, sino del público, de la misma manera que el lector es el dueño de lo escrito, hay que seducir de entrada, con un encabezado informativo o descriptivo, pero inteligente. Si no es así, si se le dificulta la comprensión, si el texto se va por las ramas, el que se va también es el lector. Y ya no vuelve.

No apoyar el texto en abstracciones: amor, dolor, corazón, libertad, progreso, bajeza, furia, emoción y tantas otras, son palabras que pueden incluirse en una crónica o en una nota, pero siempre y cuando se apoyen en un testimonio, o en datos vistos, averiguados y descriptos por el periodista, que les dé sustento y justifique su inclusión en el texto.-

Aunque resulte una obviedad, no olvide que el elemento principal de toda narración es la palabra. Por eso, aunque también parezca obvio, cada palabra del relato debe estar adecuadamente hilvanada en un contexto, de acuerdo con las reglas gramaticales.

Entonces, como cada palabra es importante, recuerde que todas las palabras que narran, importan. En fin, lo importante no es que lo que escriba se entienda, sino que no puede dejar de entenderse.

Por eso escriba en forma clara, concisa, directa, sin giros ni términos que puedan dar lugar a confusiones o equívocos. Una coma mal colocada, un título confuso, un adverbio conjugado, un verbo inadecuado, un sujeto disociado del verbo o una asfixiante parrafada sin comas o puntos, son algunas de las mejores maneras de espantar al lector.

Ordene adecuadamente el relato de acuerdo con la importancia de los diversos datos que componen el hecho que va a narrar, lo cual, a su vez, requiere:

a) hacer una clasificación precisa de los distintos datos que dispone.
b) darle un orden de importancia a cada uno de esos datos, cuestión de determinar qué información merece ir en el primer párrafo, cuál en el segundo y así de seguido.
c) usar el criterio periodístico de que en el primer párrafo, a lo sumo, en los dos primeros, debe explicar qué pasó, cuándo, dónde y quién o quiénes están involucrados y cuál fue el resultado de ese hecho. Y, si es posible, por qué pasó.
d) no olvide que “la pirámide invertida” exige que la información que vuelquen en los primeros párrafos, debe tener sustento en las siguientes, hasta el final de la crónica.


* Tenga presente que toda oración se compone de sujeto, verbo y predicado. No altere o trate de no alterar ese orden y no olvide que en una oración, el sujeto, el verbo y el predicado no van separados por ningún signo de puntuación.

Trate de escribir párrafos cortos, de no más de cinco o seis líneas por párrafo. Agilitan la lectura.

Procure un flujo natural para el desarrollo de su relato, que cada párrafo tenga relación con el anterior. No adelante lo que deben decir después, ni retroceda para decir lo que ya narraron.

Tenga en cuenta que iniciar un párrafo con Pero significa que lo que va a expresar se contrapone, o puede llegar a contraponerse con lo manifestado en el anterior. Lo mismo sucede con no obstante, sin embargo, en cambio y aunque.

Si al comienzo de un párrafo o de una frase utiliza el término también, recuerden que significa un agregado, afirmación o ratificación de lo expresado en el anterior.

El periodista describe un hecho para miles de lectores que no conocen de qué se trata. Es decir que recién se enteran de esa noticia con el informe periodístico, lo cual obliga a no olvidar ningún detalle de lo que pasó pero también a poner esmero en obviar aquellos datos que no estén debidamente confirmados, que nada aporten a la información, que puedan tornar confuso o farragoso el relato, o bien sobre los cuales no se puedan ofrecer las debidas respuestas. Porque cada dato que mencionen en su narración debe estar suficientemente explicado y fundamentado.

El lector requiere respuestas, no preguntas. Por lo tanto la narración de un hecho debe ser lo suficientemente explícita e ilustrativa, cuestión de que no queden datos sueltos, ni preguntas sin respuesta.

Trate siempre de conservar la virginidad en los ojos, la capacidad de asombro y ansias de conocimiento. Todo conocimiento que adquiera facilitará su tarea informativa.

El periodista es un historiador cotidiano. Todos los días escribe la primera versión de la historia, lo cual lo obliga a extremar todos los recaudos necesarios para aproximarse, o llegar a la verdad con la mayor precisión y rigurosidad posibles. Lo que un periodista escribe hoy será, dentro de unos años, un valioso material de consulta. Un viejo axioma periodístico dice que no hay nada más viejo que un diario de ayer, pero uno de hace 20, 30 o más años, se transforma en un valioso documento para analizar la historia.

Por eso, ante la noticia más pueril es imprescindible agotar todas las fuentes posibles de información (oficiales y extraoficiales). Y si bien deben tratar de aproximarse o llegar a la verdad, tengan presente que nada es absoluto, que todo es relativo. Lo único absoluto es que todo es relativo.

Es importante saber que por más que agote todas las fuentes posibles de información, muchas veces no llegará ni siquiera a aproximarse a la verdad, pero deberán tener bien en claro cuál es la mentira.

No olvide que una crónica, una nota, es una descripción detallada y adecuadamente ordenada de un hecho. Y como el periodismo es fundamentalmente información, debe desechar las abstracciones.

La narración debe transmitir seguridad, certeza, tener fuentes claras y precisas de información. Eviten entonces, los datos aproximados.

No inicie una nota o una crónica con un verbo, un gerundio o con la fecha y hora del hecho que va a narrar. Tampoco inicie una crónica, ni un párrafo, con un número.

Trate de no escribir en primera persona, ya sea del singular o del plural. El periodista debe situarse fuera de la noticia que está describiendo, debe tratar la información en forma impersonal.

No emplee los puntos suspensivos en una crónica. Dan sensación de vaguedad o de escasez informativa. Elija cuidadosamente los verbos que utilizará, pues están los considerados neutros y otros que tienen más “fuerza”.

Es imprescindible mantener la coherencia verbal en todo el relato, ya sea oral y escrito. El cambio de tiempos verbales (pasado en un párrafo, presente en otro), desluce la narración, la torna confusa.

No reitere palabras en una misma frase o párrafo. Consulten el diccionario todas las veces que sea necesario.

Evite también la utilización en párrafos sucesivos de una misma palabra que describa el hecho que está narrando.

No confunda los artículos determinados o definidos (la, él, las, los) con los indeterminados o indefinidos (un, una, unos, unas).

Evite las opiniones y las sentencias, salvo en los casos que se requieran. Narrar o describir adecuada y vigorosamente un hecho, suele tener más contundencia que cualquier opinión. Tenga en cuenta que el lector requiere información precisa, certera y no es necesario, entonces, cargar las tintas con calificativos y opiniones: Por lo tanto, no pontifique pues no es juez, ni fiscal, ni policía ni dueño de la verdad absoluta.

Y esa prohibición de pontificar, obliga a poner especial cuidado con el uso de los adjetivos. Algunos adjetivos, muy comunes en las páginas de las secciones policiales, terminan por darle un tinte editorial a lo que sólo debería ser una mera crónica.

Sin embargo, y teniendo en cuenta que el periodismo objetivo no existe pero sí la honestidad intelectual que debemos ejercer al escribir, y si bien el periodista debe situarse fuera de la noticia y tratarla en forma impersonal, en algún pasaje de su relato volcará, indefectiblemente, algo de su conocimiento y de sus emociones. Es decir, no será objetivo.

Además, por más fuentes de información que consulte y por más documentación que reúna, nunca podrá reflejar en un artículo la compleja totalidad de un tema. Esa lógica limitación atenta contra la proclamada objetividad. Por cierto, eso no lo habilita a tirar la chancleta y terminar confundiendo el rol de periodista con el de juez, fiscal, policía, profeta o salvador de la humanidad.

En periodismo no se escribe el término horas o su abreviatura hs. después del número indicativo de la hora. Por ejemplo, si escriben que “el choque ocurrió a las 21:55 horas”, incurren en una redundancia, pues es evidente que 21:55 corresponde a la hora de tal hecho y ese número no puede ser confundido con ninguna otra cosa.

Ubique geográficamente al lector sobre el hecho que está describiendo. Haga de cuenta que escribe para un diario de alcance nacional, es decir que lo que usted narre pueda ser leído tanto por una persona que vive en Jujuy como en Tierra del Fuego y que, precisamente, no conozca dónde queda tal o cual lugar que figura en su informe periodístico o bien sólo lo conoce por postales, por los noticieros de TV o por relatos de algún amigo o familiar.

Y, una vez más, no olvide la premisa de “en cada línea un dato y en cada párrafo una idea”.

No olvide tampoco que una frase no debe contener palabras innecesarias, ni un párrafo debe contener frases innecesarias, por el mismo motivo que un dibujo no debe contener líneas innecesarias, ni una máquina partes innecesarias.

Claro que esa premisa no supone que el periodista haga extremadamente cortas sus frases, ni que evite los detalles que sirven para enriquecer su narración, ni que trate las noticias sólo en términos generales.

Evite las palabras innecesarias, por ejemplo, algunos escriben “en horas de la noche del día de ayer”, en vez de “anoche”. O sea, para decir exactamente lo mismo, se utilizaron nueve palabras en el primer caso y sólo una en el segundo. Lo fundamental, entonces, es que con una sola palabra situamos inmediatamente al lector y, además, agilitamos la lectura.

Recuerde que la escritura vigorosa es concisa, requiere de los verbos precisos y evitar las sinuosidades, las frases supuestamente descriptivas y las calificaciones grandilocuentes.

Vaya directamente al asunto que van a narrar, al grano, sin rodeos ni circunloquios.

Evite los verbos en potencial. No hay nada más antiperiodístico que, por ejemplo, sería, habría, ó podría. El periodismo debe informar con certeza sobre cuestiones concretas, dar seguridad al lector y evitar pronunciarse sobre hechos de los cuales no tiene información precisa. Los verbos en potencial en realidad, reflejan la incapacidad de verificar determinada información, salvo si remiten a versiones.

Tenga siempre presente que las versiones, al igual que los rumores no se publican, se investigan.

Evite frases como cabe recordar, conviene destacar, es dable mencionar y otras de similar tenor, porque nada dicen o aportan a una información periodística. Sólo traslucen cierto menosprecio por el lector o bien la incapacidad del periodista de destacar, mencionar o recordar lo que debía destacar, mencionar o recordar en el lugar adecuado de su narración.

Evite los saltos temporales indebidos, como, por ejemplo: “más adelante se analizarán las causas”,”como ya quedó dicho en los primeros párrafos”, etc. También traslucen cierto menosprecio por el lector o incapacidad periodística.

No obligue al lector a volver atrás para comprender lo que usted ha escrito. Por lo tanto no utilice referencias como “el mencionado en el párrafo anterior”, “el primero de los nombrados”, u otras similares.

No utilice abreviaturas, salvo que sean siglas y que hayan sido aclaradas al usarlas al comienzo de sus notas. Si tiene que escribir, por ejemplo, sobre la Organización de las Naciones Unidas, inmediatamente después debe colocar entre paréntesis la sigla correspondiente: ONU. De esta manera, cada vez que haya que nombrar esta entidad, sólo bastará con que escriba ONU. Pero si en el escrito sólo debe nombrarla una vez no es necesario que le agregue la sigla.

Evite el estilo rebuscado, pretendidamente fino, según el cual a mayor cantidad de palabras mejor es el texto. Ese estilo es bastante común en las cartas comerciales, en las comunicaciones que redactan los administradores de consorcios, pero nada tienen que ver con el periodismo, que requiere textos llanos, directos, sin rebusques o vueltas innecesarias.

Volviendo a las siglas, las de uso común como HIV, SIDA. S.O.S. OVNI, etc., no necesitan aclararse.

Las siglas no tienen plural. Por ejemplo no escriba OVNIS, ni ONGs, pese a que lo lean muy a menudo en los diarios.

Desprecie las vulgaridades, los términos sensacionalistas y las frases trilladas.

Desprecie también los términos peyorativos y/o descalificadores, como también aquellos que puedan resultar ofensivos y/ o discriminatorios.

Evite las redundancias. Es habitual leer o escuchar el hecho ocurrió, el hecho acontecido, y otras redundancias por el estilo. Sepan que todo hecho adquiere esa condición porque ocurrió, porque lo que no ocurre no llega por cierto a ser un hecho. Otros ejemplos de redundancias muy comunes en periodismo son un lleno total, volvió a reiterar, la lluvia caída, hace un tiempo atrás, período de tiempo, veredicto final, en fin.

Evite también los solecismos, como se denominan a los errores que se cometen cuando se violan las reglas de concordancia, de la construcción o del régimen o dependencia de las palabras de la oración. Uno de los solecismos más comunes es la falta de concordancia en los tiempos verbales y en las formas verbales. También cuando en el caso de los verbos impersonales se usan las formas del plural.

Ejemplos incorrectos: “Durante la tormenta de anoche hubieron muchos relámpagos”. “La mayoría de los pasajeros sufrieron heridas”. “Hacían muchos años que Juan y Pedro no conversaban”.

También se denomina solecismo al mal uso de las preposiciones. Es muy común leer y escuchar, por ejemplo, Bajo este punto de vista. Lo correcto es Desde este punto de vista.

Otros solecismos muy comunes son los de construcción de una frase con el cambio de orden de los complementos. Por ejemplo: Se venden coches para niños de hierro.

Ponga especial atención en el uso de los sinónimos. Algunos cuantos –muchos más de los deseados- llamados profesionales de las ciencias de la comunicación suelen darse el especial lujo de inventar sinónimos que, en realidad, nada tienen que ver con un idioma tan rico como el español y sólo contribuyen a empobrecer el lenguaje. Uno, muy común, bastante utilizado por los relatores deportivos, es reiniciar como sinónimo de reanudar.

Otro error muy común en los medios periodísticos, es calificar de fenómeno climático a lo que sólo es un fenómeno meteorológico como una lluvia o una tormenta de nieve.

Trate de no incurrir en un vicio muy común en el periodismo especializado, que es narrar determinado hecho con palabras que sólo conocen los expertos del tema. El periodista, sea especializado o no, tiene la función y la obligación de actuar como una suerte de traductor para transmitir, con palabras de uso común y corriente, información común o específica para que sea entendible a cualquier lector.

La gran mayoría de noticias tiene una fuente de información. Por lo tanto es necesario, en la medida de lo posible, identificar el origen o fuente de información de la noticia que se relata.

Pero trate de no utilizar el término fuente/s como sinónimo de quien o quienes le brindan una información a cambio de mantener en reserva su identidad. Es conveniente, en toda crónica, precisar con la mayor exactitud posible el origen de una información. Si quien se la suministra pide que no publique su identidad, bríndenle entonces al lector, datos acerca de la fuente, sin llegar a traicionar el trato de no identificarla. De ese modo, se le transmite al lector que ese dato confidencial se obtuvo de alguien que está cerca del tema, que conoce de lo que se está hablando, que se trata de una persona que está en la cuestión. De esa manera, cumplen el trato de no identificar la fuente de información, pero le están diciendo al lector que ese dato lo obtuvieron, precisamente, donde se decidió la cuestión.

Si no tiene otra alternativa que usar el término fuente/s, evite calificarla como suelen hacer muchos periodistas, con los términos veraz, segura, inobjetable, digna de crédito, a prueba de desmentida, fidedigna, insospechada, etc. Por cierto el periodista tiene la obligación de consultar fuentes de información que son veraces, seguras, dignas de crédito, etc., así que calificarlas es una obviedad.

También traten de evitar los términos off the récord, información confiable, información de primera mano, u otras frases de tenor similar.

Las comillas se usan para destacar que una determinada frase es la transcripción textual de un discurso o la cita de un documento o libro. Pero trate de encomillar lo sustancial, lo más importante, y no toda la frase, para no tornar engorrosa la información ni fatigar al lector.

Cuando utilice las comillas para transcribir una cita parcial, tenga especial cuidado en mantener la concordancia entre el sujeto y el verbo.

En periodismo, las comillas también se usan para los títulos de libros, películas, canciones, obras de teatro, programas de radio y televisión, apodos y nombres de barcos o de otros medios de transporte. No se utilizan para los personajes de ficción ni para los libros religiosos como La Biblia o el Corán.

Las comillas también se usan en periodismo para destacar palabras empleadas con un sentido especial. Por ejemplo: Las “negociaciones de paz” entre el gobierno colombiano y la guerrilla, terminaron hoy con un intercambio de insultos y golpes de puño. De esa manera, se refuerza la contradicción.

Es imprescindible identificar a los personajes de una noticia con su nombre y apellido y consignar el cargo que ocupan o la función que desempeñan, aunque sea obvio para muchos. Para esa identificación bastará con utilizar uno de los nombres y el apellido, a menos que pueda prestarse a confusión como un homónimo. Una vez mencionado el personaje en cuestión, no es necesario repetir toda su identidad, cargo o función cada vez que tenga que nombrarlo.

Salvo ex, que significa cesación, los prefijos no se escriben separado del segundo elemento. Por ejemplo: ex Jefe de Estado. Los otros prefijos van unidos a las palabras que modifican. Ejemplos: anticlerical, hipersensibilidad, procastrista, ultraderechista.

Los dos puntos sirven en periodismo para : a) introducir una enumeración; b) antes de una oración o frase que sirve de resumen a lo que antecede, como por ejemplo, El ministro fue contundente en negar toda vinculación con la corrupción, al decir: “No tengo nada que ver con eso”, y c) cuando se quiere dar énfasis, por ejemplo: El atleta José Pérez sólo vive para una cosa: el deporte.

Si tiene que hacer una aclaración sobre una persona, después de identificarla deben utilizar el término quien y no que.

Los términos llegar y arribar, pese a ser sinónimos, no se utilizan por igual para las personas y para los medios de transporte. Las personas llegan no arriban. En cambio para los medios de transporte se puede utilizar cualquiera de esos términos.

Todas las noticias deben tener una fecha de referencia: hoy en los casos de una agencia de noticias o bien ayer para un matutino.

En periodismo no se utiliza escribir, por ejemplo hoy (o ayer) martes 26 de mayo . Directamente escriban hoy, o bien ayer.

Si, por ejemplo, tiene que escribir sobre un hecho de hace unas semanas o más y del cual recién se enteran hoy, no consigne en el primer párrafo la fecha. Un ejemplo; Hoy, miércoles 29 de mayo, se enteran de que el miércoles 27 de marzo anterior fue detenido en Posadas (Misiones) un ciudadano iraní acusado de haber participado en el atentado terrorista que destruyó la AMIA. En este caso, el encabezamiento de la información deberá estar dedicado a la detención del sospechoso y a los motivos por los cuales fue apresado. Luego, en el segundo o tercer párrafo, tendrán que explicar que el arresto se produjo el pasado miércoles 27 de marzo, pero que la información recién fue dada a conocer hoy, ya sea oficialmente o de fuentes policiales o judiciales.

Por último, lea detenidamente y con profundo sentido autocrítico lo que ha escrito. Si no está conforme, corrija todo lo que estime conveniente. Si esa versión corregida tampoco es de su agrado, disponga de unos minutos de descanso y vuelva a intentar una redacción. Hágalo una, dos, tres … todas las veces que sea necesario.

Y no olvidar la regla de oro: Se escriba una noticia dura, una crónica o una nota, en cada línea debe haber un dato y en cada párrafo debe haber una idea.-

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