jueves, 26 de junio de 2008

BRASIL: NUESTRA BATALLA SE LIBRA EN ARGENTINA

BRASIL: NUESTRA BATALLA SE LIBRA EN ARGENTINA
Escrito por Luiz Carlos Bresser-Pereira
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Bresser-Pereira: -Las retenciones móviles a las exportaciones existentes en la Argentina son el secreto que se esconde detrás del 8,8% de crecimiento entre 2003 y 2007.




BRASIL: NUESTRA BATALLA SE LIBRA EN ARGENTINA Por Luiz Carlos Bresser-PereiraFolha de S.Paulo, 16.6.2008 El gobierno argentino está enfrentando hace tres meses una batalla decisiva no sólo para su propio desarrollo económico sino también para el de todos los países latinoamericanos que aún no comprenden que no neutralizar la enfermedad holandesa (revaluación súbita de la moneda nacional) es el más serio obstáculo económico que enfrenta. Las retenciones móviles a las exportaciones existentes en la Argentina son el secreto que se esconde detrás del 8,8% de crecimiento entre 2003 y 2007. El esquema de retenciones doblemente variable -entre commodities y conforme a la variación del precio internacional del bien- traslada la curva de oferta de esos bienes hacia arriba en proporción a la gravedad de la revaluación súbita de la moneda nacional que ese bien causa. Se vuelve así no lucrativa la exportación del bien a una tasa de cambio menor, lo que impide del lado de la oferta, que esa tasa se aprecie. Al impedir la sobrevaluación del peso, el gobierno argentino garantiza, por un lado, la ganancia de los agricultores y, por el otro, la demanda agregada para inversiones volcadas a la producción de bienes comercializables (que pueden ser exportados o importados) y así la economía crece aceleradamente. Los agricultores argentinos, victima de una ilusión, rechazan el aumento de la retención sobre la soja al 44% pensando que los que pagan son ellos. No es así. A no ser que los cálculos del gobierno estén equivocados, eso es solo aparentemente cierto. Si el gobierno eliminase las retenciones de ese y el resto de los bienes que dan origen a la enfermedad holandesa, el mercado provocará la apreciación del tipo de cambio en la proporción exacta de la retención eliminada y el agricultor no ganará nada, lo que recibe quedará igual a lo que tenía con la retención. Ganarán en el corto plazo los consumidores argentinos, cuyos salarios reales crecerán, pero perderá toda la economía argentina, que volverá a crecer a tasas modestas y quedará a merced de una crisis de la balanza de pagos. Y si el gobierno argentino hubiese creado un fondo de estabilización para los precios agrícolas con parte de los recursos de la retención, su eliminación o reducción causaría pérdidas a los propios agricultores que volverían, otra vez, a quedar sujetos a las variaciones de los precios internacionales de las commodities. Entonces, lo racional, desde el punto de vista económico, era luchar por ese fondo de compensación (no por la reducción de la retención). Su lucha actual solo tendría sentido si todas las demás retenciones se mantuviesen y en consecuencia el tipo de cambio no se apreciase, pero, en ese caso, estaríamos frente a un caso clásico de oportunismo o de comportamiento “free rider”. Si el gobierno de Cristina Kirchner venciere en esta batalla, no solo estará defendiendo el interés nacional de la Argentina. También estará abriendo un camino para que los países latinoamericanos y africanos comiencen a reconocer racionalmente la existencia de esa terrible falla del mercado (la enfermedad holandesa) y a neutralizarla. Una falla que tiene consecuencias diferentes dependiendo de: 1.- Si el país todavía no se industrializó pero se darán las condiciones para eso una vez que neutralice la enfermedad (es el caso de los países productores de petróleo) 2.- Si el país ya se industrializó pero dejó de neutralizar la enfermedad (es el caso de Brasil y la Argentina) En el primer caso el país no se industrializa y en el segundo entra en proceso de desindustrialización. LCB-O/* Traducción colectiva de los participantes de homo-economicus.blogspot.com Original en: http://www.bresserpereira.org.br/view.asp?cod=2730 Luiz Carlos Bresser-Pereira é economista e cientista social na Fundação Getúlio Vargas. Ele edita a Revista de Economia Política desde 1981 oferece regularmente um curso de um mês na Eacutecole de Hautes Eacutetudes en Sciences Sociales e é colunista da Folha de S. Paulo para a qual escreve um artigo cada duas semanas. Eacute membro do conselho do Cebrap desde sua fundação em 1970, do Conselho da Cinemateca Brasileira e do Conselho Consultivo do Pão de Açúcar. Professor da Fundação Getúlio Vargas desde 1959, foi Coordenador dos Curso de Pós-Graduação entre 1963 e 1972, tendo criado em 1965 o primeiro curso de mestrado. Fundou em 1970 o Departamento de Economia da FGV em São Paulo. Durante o regime autoritário foi também diretor administrativo de todas as empresas do Grupo Pão de Açúcar. Manteve-se sempre em oposição ao regime autoritário. Em 1983, com a eleição de Franco Montoro para o governo de São Paulo, tornou-se presidente do Banespa e, em seguida, Secretário do Governo. Em abril de 1987, em meio à crise provocada pelo fracasso do Plano Cruzado, tornou-se Ministro da Fazenda do governo Sarney. Sem condições de realizar o ajuste fiscal e a reforma tributária que permitiria a implementação de um plano definitivo de estabilização, demitiu-se do governo no final do ano sua proposta de securitização da dívida externa foi, entretanto, 18 meses depois, adotada pelo governo americano. Em 1988 desligou-se do PMDB e participou da fundação do PSDB. Em 1995, depois de ocupar a tesouraria da campanha de Fernando Henrique Cardoso para a presidência da república, assumiu o Ministério da Administração Federal e Reforma do Estado, onde comandou a Reforma da Gestão Pública de 1995, hoje reconhecida internacionalmente. No segundo mandato, foi, durante os primeiros seis meses, Ministro da Ciência e Tecnologia. Desde julho de 1999 dedica-se exclusivamente à vida acadêmica.
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Fuente : N&P

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