Surgió como una respuesta combativa a las variantes de adaptación al régimen generadas por las conducciones burocratizadas del sindicalismo peronista, nucleadas en las 62 Organizaciones con la hegemonía de la Unión Obrera Metalúrgica de Augusto Timoteo Vandor.
En sus cuatro años de existencia efectiva, la CGTA intentó ser también en su práctica cotidiana ese ámbito de convergencia. Lo consiguió, de manera parcial, incompleta, a veces conflictiva, en el plano de la relación entre organizaciones sindicales y políticas del peronismo revolucionario, la izquierda y la Iglesia tercermundista. También en el del encuentro en la acción entre ese activismo y grupos de intelectuales, profesionales y artistas.
Rodolfo Walsh conoce en Puerta de Hierro a Raimundo Ongaro, quien le pidió que dirigiera el semanario de la CGTA. Con un viejo grabador colgando del hombro y el micrófono en la mano Walsh se acercaba a los obreros de las agrupaciones que organizaban la rebelión contra la dictadura y la burocracia sindical y los escuchaba atentamente y los registraba. Walsh comento en varios reportajes de esa época que su futuro en la literatura tenia que ver con que si había héroes, serian esos, militantes revolucionarios como los obreros agredidos por el vandorismo que retrato en ¿Quién mato a Rosendo?. De su practica deduce una teoría: ” El testimonio y la denuncia son categorías artísticas por lo menos equivalentes y merecedoras de los mismos trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción”
El semanario de CGTA se convirtió así en un instrumento central. Además de Walsh, la redacción estaba integrada por periodistas como Horacio Verbitsky o Rogelio García Lupo, la revista consiguió juntar un nivel de calidad profesional inusitado con una tarea también sin antecedentes de información sobre las formas y razones de las luchas populares para consumo de sus propios protagonistas.
Llegó a tirar un millón de ejemplares y sus páginas sirvieron, por ejemplo, para editar por primera vez, dividida en varias notas, la investigación de Walsh sobre el asesinato del dirigente metalúrgico de Avellaneda Rosendo García, "¿Quién mató a Rosendo?", el más profundo análisis del significado político, y de los métodos de acción. del vandorismo.
La CGTA fue también el escenario en el que se desarrollaron experiencias de militancia artística como las del pintor Ricardo Carpani, o las del Grupo Cine Liberación, que permitió la filmación -y el uso permanente como herramienta de formación y organización políticas- de la película "La hora de los hornos" de Fernando Solanas y Octavio Getino.
Rodolfo Walsh, Enrique Coronel, José Vázquez, Ricardo de Luca y Raimundo Ongaro
A través de la relación de su conducción nacional y de su filial cordobesa con Agustín Tosco, la CGTA participó del Cordobazo, entre el 28 y el 30 de mayo de 1969. Y protagonizó sus consecuencias más inmediatas, con la convocatoria al paro nacional para el 1º de julio de ese año, mientras la CGT Azopardo se echaba atrás ante las presiones del gobierno de Onganía.
El enfrentamiento con el régimen militar se profundizó dramáticamente el 30 de junio de 1969, cuando un comando mató a Vandor: la dictadura ocupó e intervino la Federación Gráfica Bonaerense y la mayor parte de los sindicatos integrantes de la CGTA. Sus principales dirigentes, con Ongaro a la cabeza, fueron a compartir la cárcel con Tosco y Elpidio Torres, los dos líderes visibles del Cordobazo.
De allí en más, la CGTA ingresó en una etapa de luchas constantes y en un proceso de lento desgaste de su poder organizativo que fue a la vez transformación. Sus dirigentes y activistas fueron integrándose en otras formas de lucha, en organizaciones políticas y en organizaciones armadas.
Ricardo Carpani “desocupados”
jueves, 16 de octubre de 2008
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