Walsh y el género policial
"Hice una colección de policiales entre el año 68 y el
75, y Walsh tradujo varios de los libros que
publicamos, me acuerdo de sus versiones de los cuentos
de Chandler. Él venía de hacer traducciones en
Hachette, en los años cincuenta, muchos de los libros
del Cornell Woolrich, que firmaba también William
Irish, los tradujo Walsh. Qué relación hay entre su
trabajo de traductor y sus textos policiales, es algo
que hay que estudiar. Mantuvo de hecho, una relación
continua con el género. Y estuvo ligado, al menos como
traductor, a lo que podríamos llamar la tercera época
del policial. Me parece que este tipo de novelas, las
de Woolrich, las de David Goodis o las de Horace
McCoy, el policial dejó de tener en el centro al
detective y su capacidad de resolución del enigma y
desplazó el foco del relato hacia la víctima.
Policiales a la Kafka, digamos. Podríamos pensar que
la primera etapa del género se centró en el detective
, luego el eje pasó a ser la figura del asesino como
en los libros de Jim Thomson o de James H. Chase y
luego la historia se desplazó hacia la víctima. A
partir del triángulo detective-asesino-víctima y de
sus desplazamientos, se puede hacer una historia del
género. Cierta evolución o transformación del género
está conectada con ese movimiento. Siempre hay un
autor ajeno al género que define esa línea y la
constituye. Edgar Alan Poe inventa el género a partir
del detective, Hemingway pone el centro en el asesino
(basta releer "The Killers") y ahí define un estilo. Y
podríamos decir lo mismo de "Santuario" de Faulkner
con Popeye, el asesino esquizo que va a reaparecer en
"Nada de Orquídeas para Miss Blandish, de James H.
Chase, que es una copia directa de Santuario. Tambien
los personajes de Cain, el narrador de "El cartero
siempre llama dos veces", por ejemplo, siguen esa
línea e incluso se ven rastros de ese modo de narrar
en "El extranjero", de Camus. Mientras que el estado
actual del género viene de Kafka, me parece "El
proceso" es una especie nueva de novela policial donde
el centro de la narración se ha desplazado hacia la
víctima y eso es lo que aparece en muchas novelas
policiales de los últimos años; ya hablamos de Goodis
y de Woolrich, pero podríamos pensar también en
Patricia Highsmith. El policial ha estado ligado a
cierta pre-historia literaria, en la que un escritor
(Poe, Hemingway, Kafka) inventa un modo de narrar
queluego se cristaliza como género. Y Walsh -como
Borges o Durremat o Bretch- está en esa trama.
Periodista: ¿Es posible observar ese viraje también en
Walsh, que arranca con historias policiales de
detectives tradicionales, para después evolucional
hasta una mirada sobre la víctima del Estado con la no
ficción?
Sí, creo que sí. En toda su obra, Walsh se mantuvo
fiel a ciertos modos básicos del género, tanto en sus
textos de ficción literaria (por ejemplo "Esa mujer o
"Nota al pie" o "Cartas") como en sus relatos
documentales y, desde luego, en la serie de cuentos
policiales del Comisario Laurenzi y en las "nouvelles"
de Daniel Hernández en "Variaciones en Rojo". La clave
fue siempre una investigación como construcción
narrativa y el intento de descifrar un enigma. Ese
enigma se fue politizando, digamos así, pero la forma
básica se mantuvo. En "Operación Masacre", Walsh
empezó a trabajar la idea del crimen como un hecho del
Estado; se sabía quien era el criminal, sólo había que
demostrarlo. Pero en el proceso de reconstrucción de
los hechos, empezó a escuchar a las clases populares,
a las víctimas, otras voces empezaron a narrar, e
inmediatamente hay un movimiento en su obra, porque no
sólo se trataba de reconstruir la historia sino
también de escuchar y transcribir esas voces. Eso ya
está en "Operación Masacre", pero luego se profundiza
y es lo mejor de ¿Quién mató a Rosendo?- Se trata no
tanto -o no sólo- del desciframiento minucioso de los
hechos, sino de la presencia de los tonos y las voces
y los ritmos del relato de las clases subalternas,
digamos así. Las clases populares están ahí y la
verdad surge de esas narraciones. Es decir, empieza a
trabajar con el relato popular como una forma de
reconstrucción de lo real. Y me parece que ahí es
dónde empezó a encontra una vuelta, también en su
ficción. La voz de los que han sido vencidos. "Cartas,
es en ese sentido un relato extraordinario, de lo
mejor que se ha escrito en la literatura argentina.
Periodista: Incluso esa idea de priorizar la
investigación persiste en su carta a la Junta, y
también en la carta posterior a la muerte de su hija,
Vicky...
Seguro, porque la investigación se politiza, eso lo
diferencia de la tradición de la non-ficción
norteamericana; en Walsh, el investigador se liga,
casi sin darse cuenta, con la política, con la
denuncia política y debe documentar esa denuncia,
porque además de tener razón, tiene que poder
probarlo. Ese punto es de gran importancia en Walsh,
ahí también dejó una marca. No alcanza con decir que
el mundo es injusto sino que debemos decir en qué
sentido lo es, presentar casos, intervenir en
situaciones precisas, dar detalles, reconstruir la
experiencia concretas. Se mantuvo fiel a una tradición
que, en la narración y en la literatura, es clásica.
La verdad está en los detalles, en el dato preciso.
Hay que reconstruir y dar los datos, hacer ver,
demostrar. La realidad en literatura, no se dice, se
muestra. Lo que hay en "Operación Masacre" son
detalles muy precisos sobre como era la disposición
del lugar, qué estaban escuchando las víctimas, como
se habían vestido esa noche, que comían, de qué modo
hablaba cada uno de ellos,; cuestiones que desde una
perspectiva política más abastracta parecen
secundarios.
Periodista: ¿Le parece lógico que Walsh renegara de
sus relatos policiales previos por esa postura que se
alejaba de la literatura que terminó eligiendo?
Walsh desechaba lo que había escrito antes, sus
relatos policiales, pero también sus cuentos. La
manera en la que él leía sus propios textos esmuy
crítica y muy lúcida, pero no hay que tomarla al pie
de la letra, no hay hacer eso con ningún escritor.
Tampoco debemos pensar que, al tomar distancia de
posiciones anteriores no persista algo a pesar de lo
que negaba. Por ejemplo, su relación con Borges
recorre toda su obra. Fue siempre borgeano,
básicamente, en su concepción de la prosa, aspiraba a
la concisión y a la claridad. Aspiraba sobre todo a
construir una voz narrativa que fuera convincente. Y
eso es el estilo, ser convincente y ser preciso. Basta
leer la "Carta a la Junta Militar" para ver hasta
dónde era capaz de llegar con ese estilo. Hubo muchas
denuncias a la dictadura, pero no hay ninguna escrita
así, con ese tono a la vez indignado y exacto. El
lenguaje estaba en el centro de su preocupación
política y en eso no parecía un hombre de izquierda.
En la Argentina la izquierda no es otra cosa que una
retórica vacía, hecha de consignas y de pésima
sintaxis. En la izquierda, el lenguaje ha sido tomado
como un aspecto instrumental, porque lo que
supuestamente importa son los contenidos y las
verdades que se dicen. Walsh no tenía nada que ver con
esa tradición, y de hecho repudiaba la verborragia de
la izquierda. Su escritura está ligada a la prosa de
los grandes polemistas del nacionalismo (como
Anzóategui, Irazusta, Castellani, Ramón Doll), una
prosa extraordinaria, muy eficaz; un modo de escribir
el castellano dle que también Borges aprendió
muchísimo (vía Ernesto Palacio).
Fragmento del artículo "La lectura está asociada a la
locura" entrevista a Ricardo Piglia. Revista
Sudestada, octubre 2007.
viernes, 15 de febrero de 2008
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