viernes, 15 de febrero de 2008

¿Quién fue el padre Benitez?

CYL: ¿No cree usted, Padre, que los curas del tercer
mundo, con su prédica de violencia, son un poco
responsables del asesinato de Aramburu?

HB: En el fondo, del asesinato de Aramburu, más
responsables que los curas del tercer mundo somos
usted, yo, el cardenal Caggiano y el propio Aramburu.
Porque, observe usted, los jóvenes señalados por la
policía como ejecutores del hecho no son de extracción
peronista. No son gente del pueblo. No son ni hijos ni
parientes de los 29 argentinos, unos asesinados, otros
ejecutados en junio del 56. Huelen a Barrio Norte,
católicos de comunión y misa regular. Algunos, hijos
de militantes de los comandos civiles, al caer el
peronismo contaban de 5 a 10 años. Nacieron y
crecieron oyendo vomitar pestes contra el peronismo.

CYL: ¿Qué los lleva a reaccionar violentamente contra
el medio social en que se acunaron?

HB: A mi entender [...] la convicción de que sólo la
violencia barrerá con la injusticia social. Por las
buenas jamás los privilegiados han cedido uno solo de
sus privilegios. Estos jóvenes sienten, con una fuerza
que no sentimos los viejos, la monstruosidad de que un
15% posea más bienes que el 85% restante. Viven en un
estado de indignación y de irritación del que apenas
podemos formarnos idea. Por eso son fervorosos del
socialismo. No por fe en el sistema sino por castigar
con él a sus padres individualistas. Por eso ven con
buenos ojos al peronismo y reaccionan en contra de las
pestes oídas contra él.

CYL: Pero, sólo en la selva se hace la justicia por
propia mano. La civilización cuenta con organismos
judiciales para juzgar los crímenes.

HB: No, mi amigo [...] Hable de la conculcación de la
justicia. No son estos muchachos quienes introdujeron
la ley de la selva. El responsable directo del
genocidio de José León Suárez fue acusado y procesado.


¿Conoce usted el resultado? Cuando iba a efectuarse su
prisión preventiva por orden del juez Hueyo,
interviene el fuero militar. Pretexta que el acusado
es coronel del Ejército, lo sustrae a la justicia
civil, y nunca más vuelve a saberse del proceso. Se
diluye en aguas de borrajas. Queda impedido enjuiciar
el pasado de los “libertadores” De esta suerte a quien
pretenda justicia sólo le queda la ley de la selva.

CYL: Pero, ¿no cree usted que quienes ejecutaron a
Aramburu van mucho más allá del peronismo?

HB: No me cabe la menor duda. Las ideas
revolucionarias de nuestros jóvenes dejan muy atrás
los ideales justicialistas. Estos guerrilleros de misa
dominical, que juzgaron y condenaron a Aramburu, no
conocieron por dentro al peronismo. Conocieron por
dentro el antiperonismo. […] Padecieron el galopante
deterioro de la economía, la entrega del país, el
saqueo que nos están haciendo los monopolios yanquis,
la prepotencia de militares que se constituyen en
árbitros del destino de la República. Nuestros
guerrilleros padecen algo peor todavía [...] la
proscripción del 80% de los argentinos, exiliados en
su patria, sin representación, sin voz, ni voto. Y,
para mayor escarnio, condenados a oír a cada rato a
los solitarios del poder arrogarse la representación
de todo el pueblo, cuando ese pueblo los abomina.


Fuente: Cristianismo y Revolución N° 25

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